Cisen hasta en la sopa

MARCAJE PERSONAL

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En Lomas Taurinas, la tarde en que asesinaron a Luis Donaldo Colosio había de todo: Líderes de colonias, sindicalistas, matraqueros, comerciantes ambulantes y agentes del Cisen.

Uno de estos últimos se metió en el lío de su vida porque tenía un cierto parecido con Mario Aburto, quien disparó en dos ocasiones al candidato presidencial.

En las asambleas de los zapatistas en Chiapas, en 1994, también había presencia del organismo encargado de estudiar y advertir sobre riesgos graves a la seguridad del país.

El candidato Vicente Fox acusó, en su campaña, a los agentes del Cisen de espiarlo. Es más, dijo que no quería saber nada de ellos y que si llegaba a Los Pinos tomaría cartas en el asunto.

Ganó la Presidencia y pronto supo para lo que servía el Cisen y no se habló más del tema.

Andrés Manuel López Obrador también tiene una muy mala opinión de los agentes de inteligencia y ha anunciado que si triunfa en la elección los días del Cisen estarán contados.

Ricardo Anaya, el candidato de Por México al Frente, reveló y difundió un video en el que muestra que lo seguían. Encaró al persecutor y éste confesó que era agente del Cisen.

La Secretaría de Gobernación confirmó que se realizan seguimientos de los precandidatos, pero negó que se trate de espionaje.

Es un tema delicado, y el abanderado del PAN tiene todo el derecho de estar enojado, pero hay algunas variables que se deben tomar en cuenta.

La protección de quienes aspiran a la Presidencia de la República es un asunto, o debería de serlo, de seguridad nacional. Una de las premisas para una buena elección es la tranquilidad y para que esto ocurra se deben anticipar riesgos.

Cuando ocurren incidentes de alto impacto, una de las primeras preguntas que solemos hacernos es sobre la información previa al hecho, ya que suponemos que hay quienes se encargan de estar alerta o de alertar en el momento adecuado.

Por desgracia para quienes laboran en el Cisen, o en otros organismos similares en el mundo, sus logros quedan ocultos y sus pifias son como tsunamis.

Nunca sabremos de la utilidad de los seguimientos, o al menos no en el mediano plazo, pero ya conocemos el problema que puede generar que los agentes sean sorprendidos mientras vigilan a un político que no fue enterado de que existía un operativo en su entorno.

En el fondo lo que urge es discutir sobre la política de seguridad nacional y su institucionalización. A estas alturas debería existir cierto consenso sobre la utilidad de un órgano civil de inteligencia.

Todo ello, por supuesto, sin dejar de investigar y sancionar lo que pueden ser excesos o conductas contrarias a la ley.