El hijo asesinó a la directiva de Posadas

“Sin trabajo, algunos se dedican a promoverse”
Por:
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Por Carlos Jiménez

carlos.jimenez.razon@gmail.com

Durante 33 años Himelda Ugalde, una de las principales directivas del Grupo Posadas, le dio todo lo que pudo a Gabriel, su único hijo. Le puso una empresa en Cancún, otra en Acapulco y una más en el Distrito Federal. Le compró un departamento en Polanco. Lo envió a viajar por el mundo. Le regaló un Mercedes Benz y un Audi…

Pero él asegura que ella lo “despreciaba por ser gay”. Y por eso decidió terminar con el “sufrimiento” que sentía: le pidió 200 mil pesos prestados a uno de sus primos y le dio el dinero a un ex presidiario para que la ejecutara. Gabriel Granados Ugalde lo planeó todo. Y aunque primero quiso engañar a las autoridades, terminó por confesar cada detalle. Contó que los últimos días de mayo se reunió con Francisco Cuautecatl, un vendedor de flores que siempre le pedía trabajo.

—Ayúdame a conseguir a alguien para que borre una persona que me hace daño.

—Yo te lo consigo, a ver préstame tu celular —respondió el comerciante.

Francisco tomó el teléfono y llamó: “compadre te tengo una chamba…”.

La llamada duró un minuto pero ya le había puesto precio a la “chamba”: 200 mil pesos costaría “borrar” a esa persona.

El 31 de mayo Gabriel se reunió con quien haría la “chamba”. Hasta la plaza Reforma 222 llegó Alan Campos Angulo, un ex presidiario acusado de robo.

Reafirmaron el precio y acordaron reunirse en el Sam’s de Polanco horas más tarde. “Vamos a hacer un previo para no fallar”, dijo el ex reo.

Horas después recorrieron algunas calles. “Te vas por Tanganica, luego por Cervantes y le das para Moliere… por aquí tienes que pasar, te vas lento”, le explicó.

Esa noche Gabriel llamó a su madre. “Acompáñame a comprar unas pastillas de alcachofa, estoy aquí afuera”.

Por algún motivo Himelda tardó en salir de casa. Gabriel se enojó y peleó: “Ya es bien tarde. ¿Por qué te tardas tanto?”

Juntos fueron al lugar. Ella compró unas pastillas Naitol. Gabriel hizo el recorrido acordado pero nada pasó. Creyó que le habían fallado y se encaminó hacia su casa. Una calle después les dispararon.

Ella recibió cuatro tiros. Él la llevó al hospital para que fuera atendida, pero ahí murió.

Tres días después Gabriel le pidió 200 mil pesos a su primo Alfonso Sansores. Era para pagar la muerte de su madre.