Miércoles 23.09.2020 - 00:33

Inteligencia policial a la mexicana

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Por:

Por Carlos Jiménez

La camisa del fiscal de homicidios, Alfredo Díaz Escobar, estaba desfajada. Su corbata mal acomodada. Lo acompañaban otros tres hombres.

También desaliñados… y así, con esa facha, todos entraron a un bar en Garibaldi una noche de julio de 2009.

La luz neón iluminaba el rostro del fiscal. También el de su comandante Sergio Atenco y el de los agentes que iban con ellos. Afuera se alcanzaba a escuchar el mariachi.

Un par de mujeres con falda corta y escote pronunciado se acercaron a ellos. Querían que les invitaran una copa. Los querían fichar, se dice en el medio.

Pero ninguno de ellos estaba de fiesta. Iban por otro asunto: se “infiltraron” para buscar a un par de homicidas.

Díaz Escobar y sus agentes trataban de encontrar a dos mujeres que, en aquel entonces, eran las más buscadas.

Ese dúo drogó hasta la muerte a los gemelos Alejandro y Alberto Pérez Jiménez. Un par de hombres que eran más conocidos cuando se presentaban con su nombre de trabajo: los miniluchadores La Parkita y Espectrito.

Cuando Díaz Escobar, Atenco y los demás agentes se “infiltraron” en Garibaldi había pasado ya una semana desde la muerte de los hermanos.

Durante más de 15 días el fiscal y sus agentes fueron a los bares de Garibaldi. A veces iban unos, y a veces otros para que la gente no los ubicara. Sus investigaciones revelaron esta historia:

Las últimas horas de vida de los gemelos comenzaron la noche del domingo 28 de junio. Luego de una presentación en el Estado de México decidieron ir de fiesta.

Alberto tuvo problemas con su esposa y estaba a punto de divorciarse. Por eso Alejandro le invitó unas cervezas. —Unos tragos y unas viejas, seguro se le olvida —les dijo un mariachi en Garibaldi.

Los hermanos bebieron durante cuatro horas. El alcohol hizo el efecto suficiente para no permitirles caminar del todo bien. Por eso se sentaron en una banca de la plaza.

Los mariachis tocaban. Los botelleros buscaban a quién venderles alcohol. Uno que otro indigente pedía limosna. Y ahí estaban los gemelos. Ya era la madrugada del lunes 29 de junio cuando dos mujeres se acercaron.

—Eran La Morena y La Tía —contaría después El Burro, un hombre que les “vendió” unos tequilas sin saber que para esas horas ya ninguno tenía dinero para pagarle.

Sus nombres reales eran Estela González Calva (La Tía) y María de los Ángeles Sánchez (La Negra). La primera tenía más de 60 años de edad. Aún así se prostituía. Y, como dicen ellas, ofrecieron servicio a los gemelos.

Cerca de las cuatro de la mañana llegaron al hotel Moderno, a cinco cuadras de Garibaldi. Ahí la habitación cuesta 50 pesos por dos horas y 80 si se pretende pasar toda la noche. La cama es de cemento con una colchoneta. Los burós son iguales, pero sin el cojín.

Entraron todos a la habitación 52. Pero de ahí sólo salieron ellas.

La Morena disolvió gotas para los ojos en las latas de Modelo y Tecate que bebieron los gemelos. En menos de 10 minutos les provocó una congestión generalizada que los mató.

Uno de ellos quedó hincado a la orilla de la cama. El otro alcanzó a arrastrarse hasta el pasillo: —¿Que nos hicieron, hijas de la chingada? —les gritó antes de morir.

Cuando ellas huyeron no había mucho que robar. La Tía tomó el celular de La Parkita. —Ya nos vamos, los caballeros se quedan a descansar— dijo al salir.

Durante dos días estuvieron tranquilas. Pero el miércoles supieron que “los chaparritos”, como llamaron a los gemelos, habían muerto.

Al saber la noticia La Tía se refugió en una casa del Estado de México. Y La Morena huyó hacia Villa de Tezontepec, en Hidalgo.

Pero La Tía tuvo un error. Con el teléfono que se robó llamó a casa de su hijo. Y quedó en visitarlo después. Esa llamada permitió a la policía encontrarla en su casa de la San Felipe de Jesús.

Antes de huir a Hidalgo, La Morena habló por teléfono con La Tía.

—¿Viste lo que pasó? Se murieron los chaparritos —le dijo.

—¿Pero cómo? si se quedaron bien, si hasta nos la mentaron —fue la respuesta de La Tía.

—No sé, pero hay que escondernos porque la policía nos va a buscar.

—No a dónde me voy

—Pues ahí tú sabes. Que Dios te bendiga… Esa plática fue la clave para detenerla. La tarde del 12 de agosto, la Procuraduría la capturó y resolvió así los homicidios de Alejandro y Alberto Pérez Jiménez: La Parkita y Espectrito.

ÚLTIMA CAÍDA

2009

28 de junio. Alejandro y Alberto Pérez acuden a Garibaldi para beber. Ebrios reposan en la plaza. La Tía y La Morena los abordan.

29 DE JUNIO. En la madrugada, los mini-luchadores y las prostitutas se dirigen a un hotel de la zona, ellas los narcotizan. Los roban y salen del lugar. Ellos mueren.

1 de julio. La Tía y La Morena se enteran de la muerte de La Parkita y El Espectrito, intentan huir. La policía rastrea llamadas.

2 de julio. Familiares sepultan a los gemelos.

12 de agoto. El fiscal de homicidios, Alfredo Díaz Escobar, detuvo a La Morena con lo que resolvió el asesinato de los miniluchadores.

Goteras rinden a miniluchadores

Estela gonzález La Tía y María de los Ángeles Sánchez La Morena disolvieron gotas oftálmicas en las bebidas de sus acompañantes para “marearlos” y poder robar sus pertenencias, pero la dosis fue mayor y sus víctimas perecieron en la habitación.

fdm