Domingo 20.09.2020 - 18:36

Se refugian de las llamas en la azotea

Se refugian de las llamas en la azotea
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Foto Notimex, Eruviel Ávila

Cuando le dijeron a Rodrigo que debía colocarse el arnés no lo dudó. Estaba en la azotea de un edificio de 14 pisos que ardía en llamas. Colgado de la soga de un helicóptero que sobrevolaba el lugar era la única forma en que podía salir de ahí.

Con las manos y la cara tiznadas y con sangre en un brazo por romper un cristal, el joven se colocó el arnés y la aeronave lo sacó de ahí en un minuto.

Como él, otras 19 personas tuvieron que ser rescatadas de la misma manera del edificio de Santa Fe que ayer se incendió, al parecer, por un cortocircuito.

Todo comenzó poco antes del mediodía en el edificio de oficinas ubicado en Prolongación Paseo de la Reforma número 51 de la colonia Lomas de Santa Fe en la delegación Álvaro Obregón.

En el estacionamiento iniciaron las llamas. Dos vehículos estacionados comenzaron a arder y en unos minutos el fuego se expandió por toda la planta baja.

El humo se dispersó por los pasillos y elevadores. La columna se veía a kilómetros de distancia.

“Nos dijeron que había fuego y entonces todos nos empezamos a salir, pero la gente de los pisos de hasta arriba ya no alcanzó a bajar”, contó Luis Armando, un joven que trabaja en el inmueble.

Quienes estaban arriba reventaron algunas ventanas para que por ahí saliera el humo. Así pudieron respirar. Hubo quienes mojaron ropa o trapos y los colocaron en las puertas.

Ayudadas por bomberos algunas personas salieron por las ventanas. Otras más por escaleras que los vulcanos instalaron para huir. Del lugar fueron desalojadas 300 personas.

Rodrigo estaba en el gimnasio del edificio. Por eso cuando bajó junto con otras personas, para tratar de salir, supo que había forma de escapar por ahí. Las llamas tenían copada toda la planta baja y tratar de pasar por ese sitio era imposible.

Los 20 subieron a la azotea del edificio. “Era el único lugar que parecía seguro”, contó después. Ya había roto una ventana, pero era demasiada la altura para poder salir de ahí.

Entre las columnas de humo sobrevolaban ya algunos helicópteros del Estado de México. Otra aeronave del Distrito Federal llegó también para ayudar.

Los pilotos no podían aterrizar, pues ignoraban si el techo resistiría el peso.

Los helicópteros soltaron unas sogas con arneses. José Alberto González, operador táctico y encargado de descender del aparato, les gritaba:

“¡Vénganse, es seguro, no va a pasar nada! ¡Van a estar bien! Tranquilícense”.

Así Rodrigo se animó y en unos segundos los sacaron de ahí. Lo mismo hicieron con el resto de las personas que en la azotea se resguardaban de las llamas.

Por los aires lo llevaron hasta el estacionamiento de la Universidad Iberoamericana, a unos kilómetros de ahí.