El calvario de adultos mayores antes de la vacuna

“Ustedes son nuestras raíces, los necesitamos”

Javier, de 69 años, logra que su esposa reciba la dosis, tras formarse por segunda vez en un punto de inoculación; varios sufren al no poder acreditar su residencia

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Una mujer recibe la primera dosis, ayer, en Cuajimalpa.Foto: Cuartoscuro
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Javier tiene los ojos rojos y la mirada cansada. Sus zapatos de piel café lucen empolvados, ya que desde las 07:00 horas salió de su casa para asegurar la dosis de su esposa, quien, remarca, es su prioridad en la vida. Ayer llegó a primera hora a la primaria Cuauhtémoc, uno de los puntos de vacunación en la alcaldía Magdalena Contreras, pero se encontró con que no abriría.

“¿Cómo es posible? O no se organizan o no saben”, expresó irritado mientras se acomoda el cubrebocas negro de tela que baila sobre su rostro. Resignado, se trasladó a otra escuela, Héroes de Padierna, que está sobre la avenida Oaxaca, a 2.9 kilómetros de distancia.

A esa hora, el personal que asiste a los adultos mayores que llegan en busca de la vacuna tampoco tiene claro cuántas dosis van a llegar. Los uniformados verdes del Gobierno de la Ciudad de México dijeron que 500, mientras que los siervos de la nación comentan entre ellos que podrían ser más, “¿cuántas?”, preguntó uno, “no sé”, le respondieron en seco.

Una cartulina pegada afuera del número 51 de la calle Fortín intenta renovar el ánimo de las y los adultos mayores, el sector más vulnerable a la pandemia del Covid-19. “¡Vamos abuelos! Son nuestras raíces, los necesitamos fuertes”.

Y es que el ánimo decae con facilidad cuando tienes más de 60 años y estás formado en una larga fila que avanza lento, bajo un sol implacable que muchos intentaron eludir con carpetas, papeles o mochilas sobre la cabeza.

A unos metros de la entrada, dijeron algunos beneficiados, “los siervos de la nación pusieron trabas” a quienes no traían su INE, por lo que comenzó el momento de buscar el pasaporte, la CURP o cualquier comprobante que demostrara que no venían de otra alcaldía para sacar ventaja de la vacunación.

Todos debieron acreditar debidamente su residencia para recibir la primera dosis del biológico, con la esperanza de salir al paso de esta crisis.

“Se les ocurre pedirle un requisito que no es indispensable, eso incomoda y se siente como un juego”, criticó Alfredo, quien vive en casa de su cuñada y por eso no tiene comprobantes de domicilio en el que aparezca su nombre; como él, decenas de personas en la hilera hicieron de todo para que los brigadistas les creyeran.

Es jueves, el segundo día que Javier Tenorio, de 69 años, acude con su esposa a formarse a un centro de vacunación en la alcaldía Magdalena Contreras. El miércoles se acabaron las dosis en el módulo que le quedaba más cerca. Esa respuesta recibió a la una de la tarde, mientras seguía formado desde la mañana.

“Nos traen de allá para acá, parece un juego”, “es el quinto lugar al que asistimos, fuimos a la sede de la calle Zapata y nos dijeron que ya no tenían vacunas y aquí nadie sabe dar informes”, fueron las quejas que sonaron de quienes ya estaban a punto de rendirse.

En la Ciudad de México, los días 18 y 19 de febrero se asignaron para inmunizar a los adultos mayores “rezagados y faltantes”, de acuerdo con el calendario. Este jueves se redujeron de 33 a sólo cinco en toda la demarcación, lo que provocó aglomeraciones desde las primeras horas de la mañana.

Entre el tumulto que recorría casi toda la manzana llegó Jaime Sanders, un joven de 30 años que regaló fruta a los adultos mayores y a sus acompañantes, para ayudarlos a amortiguar la espera.

“Me fui a la Central de Abastos, compré plátanos y manzanas, vengo todos los días”, comentó el héroe sin capa. De su pecho y espalda colgaban dos carteles con la leyenda “somos más los de buen corazón”.

  • El dato: De acuerdo con el censo de población (2020), en la CDMX hay un millón 600 mil adultos mayores; poco más del 17 por ciento de las personas que viven en la capital del país.