Claudia e Yndira

STRICTO SENSU

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El pasado 16 de septiembre, Yndira Sandoval Sánchez, activista de los derechos de las mujeres, impartió una conferencia sobre violencia de género en Tlapa, Guerrero. Lo hizo en respuesta a una invitación hecha por la universidad estatal. Un accidente, justo al concluir su plática, la llevó a visitar una clínica con el fin de recibir atención médica. Tras haberle cobrado una cantidad de dinero que no traía consigo, salió a un cajero automático a buscar efectivo. A su regreso, elementos policiacos ya la esperaban. Habían sido llamados debido a que la activista se había negado a pagar la atención médica. Según su propio relato, fue detenida y, al ser trasladada a los separos, abusada sexualmente por una mujer policía que manoseó sus senos, le bajó los pantalones y la penetró con los dedos.

Al día siguiente, la antropóloga denunció los hechos ante la Fiscalía Especializada en Delitos Sexuales de la Procuraduría de Justicia guerrerense. La instancia hizo muy poco para esclarecer lo ocurrido. Esto motivó a Yndira a presentar una denuncia ante la Fiscalía Especializada para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres de la PGR. Lo hizo el 13 de octubre, casi un mes después del incidente.

El caso de violencia contra la activista adquirió mayor relevancia al ser denunciado en entrevistas dadas a diarios nacionales. La exigencia por aclarar los hechos se convirtió en un reclamo expresado lo mismo por la secretaria general del PRD que por la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado. Promovido con el hashtag #TodasSomosYndira, el caso provocó indignación en las redes sociales.

Hace un par de días, los hechos dieron un giro inesperado. La presunta agresora, Claudia Juárez Gómez, utilizó su cuenta de Facebook para ofrecer su versión de los hechos. Afirmó que, lejos de haber agredido a la activista, la había protegido debido a que se encontraba en un avanzado estado de ebriedad. Dado que se había negado a pagar un servicio médico, se le había detenido por alterar el orden público, pues la activista alegaba constantemente que “era una persona muy influyente”. La policía añadió que sería incapaz de cometer los actos de los que se le acusa pues es madre tres hijos, dos de ellas niñas, de seis y cuatro años. Junto con su testimonio, fue publicado un video de poco más de un minuto de duración. En él se aprecia a una Yndira Sandoval con dificultades para expresarse, repitiendo una y otra vez que “beber no es delito” y que no podía ser detenida. La antropóloga se identifica con nombre y apellido, señalando que a ella “no la van a desaparecer” y que los policías “no pueden tocarla”. Claudia Juárez concluye su alegato señalando que si bien ella no es importante ni preparada, tampoco es una “violadora” y pide que la Comisión de Derechos Humanos la defienda. Ojalá el Ombudsman de Guerrero realice una investigación que muestre que los derechos humanos son para todos, incluyendo a los policías.

Mauricio Ibarra

Mauricio Ibarra

Abogado (UAM) y maestro en Economía y Política Internacional (CIDE).
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