Cocoa va a tropezar de nuevo, ¿y con la misma piedra?

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Mónica Garza


Hace unas semanas Ernesto Cordero, candidato a la dirigencia nacional del PAN, dijo que quería ser presidente de ese partido para darle a Michoacán su primera gobernadora, refiriéndose a la senadora Luisa María Calderón. Se comprometió a recuperar alcaldías, diputaciones, incluso la Presidencia de la República. Suena irónico, pero él hablaba en serio.

Los mexicanos somos muy olvidadizos y fácilmente nos tropezamos dos veces con la misma piedra. Pero, ¿con una así de grandota y visible en el camino? Tengo mis dudas…

La que sí podría tropezar nuevamente en Michoacán es Luisa María Calderón. ¿Por qué nuevamente? Porque los apellidos pesan en la política y si ella no ha aprendido esa lección, seguirá pagando facturas que ni le corresponden. A la historia me remito:

Hija de Luis Calderón Vega, quien en 1939, junto con Manuel Gómez Morín y otros, fundó el Partido Acción Nacional durante la administración de Lázaro Cárdenas.

Cocoa, como la bautizó su padre por su color de piel, creció muy politizada desde la oposición, donde en esa época se peleaba mucho y se perdía siempre. Calderón Vega contendió siete veces por una diputación que obtuvo una sola vez por la vía de la representación proporcional. Terminó renunciando a su partido en 1982 en protesta a cambios ideológicos internos y la llegada de empresarios a los órganos de dirección.

Sus hijos que ya estaban activos en la política la tuvieron difícil, porque no sabían ser otra cosa más que panistas, así que permanecieron en el partido.

Cocoa se unió formalmente al PAN en 1976 antes de cumplir los 20 años, y andaba por todos lados en Michoacan haciendo proselitismo con la bandilla que formaba con sus hermanos.

Estudió la carrera de Psicología, pero nunca lejos de la política. En 1988 se convirtió en diputada federal en la LIV legislatura, donde fue de los panistas que enfrentaron a la figura del entonces coordinador de bancada Diego Fernández de Cevallos, cuando éste, junto con Abel Vicencio, aprobó la quema de boletas electorales de la contienda presidencial que terminó validando el triunfo de Carlos Salinas de Gortari sobre el candidato de Acción Nacional, Manuel J. Clouthier.

Cocoa siguió dando pasitos en la política michoacana, y en su vida personal le fijó límites muy claros a la comunidad conservadora a la que pertenecía. En 1993, se convirtió en madre soltera y lo enfrentó con una gran dignidad. Su entonces entrañable amigo Carlos Castillo Peraza, que hasta la acompañaba a su curso psicoprofiláctico, le ofreció registrar a su hijo con sus apellidos, pero Cocoa no aceptó.

En el 2000, con la llegada del PAN a Los Pinos, Luisa María Calderón logró ser electa senadora por lista plurinominal. Fue una de las principales promotoras de la Ley Diego, para prohibir el ejercicio simultáneo de una actividad profesional y un cargo de representación popular, mientras Diego Fernández de Cevallos era el coordinador parlamentario en el Senado, y Felipe Calderón el coordinador de los diputados panistas en el Congreso. Difícil momento para Cocoa.

Los años siguieron pasando y ella luchando por destacar en la política, pero se le complicó en el 2006, cuando Felipe Calderón se convirtió en presidente de la República y advirtió a los miembros de su familia que no tendrían ningún cargo público durante su administración. Cocoa tomó a su hijo y se fue a España a estudiar una maestría.

Pero en el 2008 volvió, entró a trabajar al comité estatal de su partido, y desde ahí fue atrayendo foco, hasta que logró lanzar su candidatura a gobernadora de Michoacán para las elecciones de 2012. El presidente no vio con buenos ojos esta decisión de su hermana, y se lo dijo, pero tampoco le puso piedras en el camino. La apoyó.

Las encuestas favorecieron a Cocoa como nunca antes a un candidato panista en Michoacán. Su lazo con la presidencia ayudó, pero no alcanzó para ganar las elecciones.

Hoy la ecuación es muy simple: Ernesto Cordero es el discípulo más avanzado del calderonismo. Michoacán es el estado que más esperanza tenía en el sexenio pasado y el que más golpeado resultó.
Cocoa Calderón no es ninguna improvisada en la política de su estado, pero en su apellido lleva la penitencia. Quizá le toque ser gobernadora sólo cuando encuentre una fórmula para separar su historia de la de su hermano menor.

monica.garza@razon.mx
Twitter:
@monicagarzag

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