Colisión de estrellas “abre una nueva ventana al Cosmos”

Un evento a 130 millones de años luz de nuestro planeta permitió observar lo nunca antes visto; se abre una nueva era en la observación del Universo

Ya podemos “escuchar” el Universo

El 11 de febrero de 2016 se anunció que, por primera vez, fuimos capaces de captar las ondas gravitacionales producidas por la fusión de dos agujeros negros.

Este hito fue histórico por varios motivos. Primero, porque se confirmó de forma empírica la existencia de estas ondas, predichas un siglo antes por Albert Einstein:

ondulaciones en el espacio-tiempo producidas por la materia, dando lugar a una “malla” que conforma a su vez el “tejido” del Cosmos.

Y, segundo, porque se abría una nueva era en la observación del Universo, más rápida y certera, lo que nos facilitaría su comprensión.

Esta etapa se abrió ayer definitivamente con el anuncio por parte de un equipo internacional de un nuevo hallazgo:

La detección –por parte del detector Ligo en Washington (EE UU) y del Virgo en Pisa (Italia)– de las ondas producidas por la colisión de dos estrellas de neutrones, en la galaxia NGC 4993, ubicadas a 130 millones de años luz de nuestro planeta.

La primera onda gravitacional observada se llama GW150914, y los científicos piensan que es fruto de la fusión de dos agujeros negros.

Los resultados se publicaron ayer en «Nature». El telescopio Fermi de la NASA y el de la Agencia Espacial Europea (ESA) fueron claves asimismo a la hora de verificarlos.

¿Qué implica este descubrimiento?

“En al anuncio de 2016, se detectaron las ondas producidas por agujeros negros. Sin embargo, en estos no hay materia, ni luz… sólo producen ondas gravitacionales”, explica a LA RAZÓN José Antonio Font, del Departamento de Astrofísica y Astronomía de la Universidad de Valencia, una de las entidades españolas involucradas.

Científicos internacionales trabajan en Ligo, el gran detector de ondas gravitacionales.

Sin embargo, “la colisión de estas dos estrellas, además de las ondas, producen luz”. Y ahí está la grandeza del descubrimiento: hasta ahora, nunca se había observado en el mismo evento ondas gravitacionales y radiación electromagnética, en forma de luz.

Font utiliza la siguiente analogía: “Imagina que vas a ver un concierto de música clásica y que, cuando empiezan a interpretar la pieza, sólo puedes ver los movimientos de los músicos, del director… Esa sería la información electromagnética que nos viene dada por la luz”.

“Mientras, las ondas gravitacionales serían la ‘‘música’’. Antes, sabíamos que había una orquesta, pero no escuchábamos la música que interpretaban”.

Meses después del gran anuncio de la primera detección de ondas gravitacionales, el observatorio LIGO ha vuelto a registrar estas ondulaciones del espacio.

¿Conclusión?

Ya no sólo podemos ver, sino “oír” el Universo. De hecho, estas ondulaciones electromagnéticas se captan a través de la frecuencia de ondas de radio. “La información que vamos a obtener a partir de ahora es mucho más completa”.

Ha empezado la era de la astronomía ‘‘multimensajera’’. No sólo se va a poder estudiar el cosmos en el campo electromagnético; también en el de las ondas gravitaciones”, explica por su parte la investigadora Christina Thöne, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), también partícipe del proyecto.

Y es que las posibilidades son ilimitadas. “Lo próximo que queremos detectar es la explosión de una estrella masiva”, dice Thöne.

Alicia Sintes, de la Universidad de Islas Baleares (UB), fue una de las investigadoras que verificó los datos procedentes de EE UU.

Fue el pasado 17 de agosto, a las 12:41 horas. Difícilmente olvidará aquel día. “Fue frenético. Desde que el telescopio Fermi detectó el estallido, pasaron cuatro horas hasta que indicamos hacia dónde se tenía que apuntar la búsqueda, reduciendo el campo a 28 grados cuadrados”, relata.

Fermi detectó el estallido de las estrellas apenas siete segundos después de su explosión. “Es una auténtica revolución”, asegura Sintes.

No sólo se abre una nueva ventana al Cosmos. El hallazgo también ha servido para verificar varias teorías hasta ahora sólo predichas:

La constante de Hubble, la velocidad con la que se expande el Universo (que queda fijada en 70 km/s/Mpc tras varias controversias); la existencia de “kilonovas” (es decir, la fusión de dos estrellas de neutrones que, a su vez, produce un estallido de rayos gamma –responsable de “matar” a los planetas).

Y, por supuesto, ondulaciones en el espacio tiempo que dan pie a las ondas gravitacionales; y, por último, que muchos elementos de nuestra tabla periódica, entre ellos el oro y el platino, proceden de estas explosiones.

“Es el primer peldaño de una escalera”, afirmó Stephen Hawking. Un descubrimiento que, además de dejarnos “los fuegos artificiales más espectaculares del universo”, como afirmaron los científicos ayer, deja la puerta abierta a un futuro lleno de sorpresas que llegarán a millones de años luz.

El material que oscurece los agujeros negros supermasivos, la conexión con sus galaxias anfitrionas.