Jueves 3.12.2020 - 22:41

Grafiti: Sí o no

Pasado el susto
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Es más que evidente que las autoridades de la Ciudad de México han adoptado una actitud de gran tolerancia ante la aplicación del “grafiti” en los paramentos de sus calles y  avenidas, con tal de evitarse confrontaciones políticas y sociales. Tal es su desinterés de resolver éste problema que afecta a nuestras ciudades, que han decidido convencernos de que este es un arte y de que no lo combaten en beneficio de la libertad de expresión.

Por este motivo es por el cual éste ha proliferado particularmente en las zonas de arquitectura patrimonial. La respuesta de las autoridades a estas frecuentes “pintas” es tibia, improvisada, tardía y sobre todo desconocedora de las técnicas eficientes y seguras para su limpieza, con el riesgo inminente de causarles daño a los materiales base, acabados y elementos decorativos de los monumentos históricos.

En la Ciudad de México, la Ley de Cultura Cívica contempla como infracción al entorno urbano dañar, pintar, ensuciar o hacer uso indebido de las fachadas de inmuebles públicos o particulares, sin autorización expresa de éstos. El juez cívico sanciona el daño mencionado hasta el valor de veinte veces la unidad de cuenta de la Ciudad de México vigente. En el caso del grafiti, se sanciona por el equivalente de once a veinte veces la unidad de cuenta de la Ciudad de México vigente  o con arresto de 13 a 24 horas. Sin embargo, a pesar de que se aplica poco, la penalización del grafiti ha levantado numerosas protestas en nuestro país con el mismo argumento de que es un atentado en contra de la libertad de expresión y el desarrollo artístico. La polémica seguramente seguirá a pesar de que es un hecho que el grafiti chatarra aplicado de manera impuesta dista mucho de ser la materialización de una forma de arte y se identifica más con una acción delincuencial producida por grupos sociales marginados.

Contrario a la impunidad generalizada o a la tolerancia excesiva hacia este tipo de acciones que vemos en nuestro país, en todo el mundo se puede observar un importante aumento en los esfuerzos por combatir estas pintas dañinas, con medidas legales que establecen castigos severos a los grafiteros, formas de control de la venta de pinturas en aerosol a menores de edad y programas educativos para mejorar la civilidad de los habitantes. Esto, además del endurecimiento de las sanciones aplicables a estas pintas que tanto aportan al ambiente de deterioro y anarquía que invade nuestras ciudades y que desmerece la riqueza de los monumentos que nos han legado varios siglos de cultura y que nos distinguen en el ámbito internacional.