Martes 1.12.2020 - 08:37

Elecciones alemanas

Juárez, siempre Juárez
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Dicen que el constitucionalismo, el parlamentarismo y el futbol son deportes creados por ingleses, pero en los que siempre son superados por los alemanes. El domingo 24 de septiembre Alemania celebrará elecciones generales.

Si bien hay numerosos partidos participando en la campaña, la disputa por encabezar el gobierno está entre la Unión Demócrata Cristiana de Ángela Merkel y el Partido Socialdemócrata Alemán de Martin Schulz.

Merkel, conocida en todo el mundo como una mujer de frialdad y serenidad imperturbables, lleva doce años en el poder. Como consecuencia de haber crecido bajo el socialismo de la República Democrática Alemana (Alemania Oriental), la canciller desconfía de las ideologías y se distingue por un pragmatismo administrativo que ha dado solidez envidiable a la economía alemana. Schulz entró a la política después de escuchar un discurso de Willy Brandt. Miembro del partido de izquierda más sofisticado del planeta, con ideólogos de la talla de Jürgen Habermas, Schulz es un orador aburridísimo y sin carisma.

Entre Merkel y Schulz produjeron un debate televisivo tan soso que los ratings se fueron al sótano. Ningún insulto, ninguna descalificación, el debate era el sueño cumplido de los politólogos. La gente cambiaba de canal, fastidiada por la falta de emoción en una campaña en la cual dos tecnócratas intercambian cifras macroeconómicas.

En el plano interno, los alemanes están furiosos por el escándalo de corrupción asociado con las empresas automotrices que tienen sobornada a la clase política de ambos partidos.

Nadie se atreve a multar ni a regular una industria que si bien estafó masivamente a los consumidores en lo relativo a emisiones contaminantes, cuenta entre sus cabilderos a gobernadores locales y ministros del gobierno en turno. La industria automotriz es un orgullo nacional alemán (el automóvil se inventó en Alemania) y entre Volkswagen, Daimler y BMW sostienen 800 mil empleos en el país. Por eso ningún político se atreve a tocar el tema.

El frente externo es explosivo. La población alemana quiere saber qué pasará con la política de recepción a refugiados, pero ambos líderes partidistas, temerosos de lo ocurrido en Estados Unidos e Inglaterra, evitan el tema para no generar xenofobia. Aun así, apareció un partido pequeño con plataforma anti-Unión Europea que hace campaña mediante lemas racistas.

Los servicios de inteligencia alemanes alertaron de posibles intervenciones extranjeras en la campaña. Se espera difusión de noticias falsas por parte de Rusia y filtraciones por parte de hackers rusos. Por otro lado, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, trata de influir con propaganda antieuropea sobre los votantes alemanes de origen turco. Donald Trump tampoco simpatiza con la señora Merkel. Debajo de una fachada aburrida y civilizada típicamente alemana, estas elecciones encierran uno de los procesos decisivos para el futuro de la democracia liberal. La suerte está echada.