Miércoles 30.09.2020 - 18:17

9 tipos de silencio

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

La semana pasada escribí del estigma que pesa sobre la soledad, sobre la lástima que sentimos por quienes viven solos, sin tener nadie con quien hablar.

Seguí pensando sobre el tema y surgió la idea del silencio y la pobre relación que tenemos con él, casi extinto de nuestras vidas, siempre ruidosas, llenas de palabras, imágenes indeseadas y opiniones no solicitadas que inundan la televisión, las computadoras, los teléfonos, el radio y los diarios.

El ruido es incesante. Nos hemos encargado de llenar todos los huecos de silencio hasta hacerlos desaparecer.

George Prochnik, en su libro “In pursuit of silence” (En busca del silencio) afirma que el sonido impone una narrativa de alguien más. El silencio, agrega, no es sólo callarse. “Es rendirse y dejar la búsqueda, abandonar los esfuerzos para imponer nuestra voluntad y visión del mundo”.

Ni siquiera los ecosistemas menos poblados están libres de ruido, que se considera un contaminante desde 1972. Las reservas naturales se caracterizan por sonidos que requieren protección. En áreas tan lejanas como Alaska, se oye el rugir de los aviones el 60 por ciento del día. Los animales del mar se alejan para sobrevivir a los sonares. Claro que no podría esperarse nada distinto en las ciudades. Dicen los budistas que el ruido no es lo que molesta, sino que “nosotros molestamos al ruido”, porque el silencio interior sólo es posible cuando la reacción de la mente es apacible.

Sólo puede convivir con el silencio quien está en paz. La ansiedad, la preocupación, la dependencia extrema, la idealización de la compañía, la costumbre de decirlo todo, de compartirlo todo y sin filtro, son enemigos del silencio, que poco sabemos guardar.

En su libro “Speaking and Language, defence of poetry”(Hablando y lenguaje, defensa de la poesía) Paul Goodman, describe 9 tipos de silencio.

Me permito la traducción libre del párrafo en inglés:

“No hablar y hablar son dos formas de estar en el mundo y hay clases y grados de cada una: el silencio tonto del adormilado o de la apatía; el silencio sobrio acompañado de una solemne cara animal; el silencio fértil de la conciencia, pastando en el alma y del que surgen nuevos pensamientos; el silencio vivo de la percepción alerta, lista para decir: esto…esto…; el silencio musical que acompaña a la actividad concentrada; el silencio de escuchar a alguien hablar, comprendiendo que está a la deriva y ayudándolo a tener claridad; el silencio ruidoso del resentimiento o la auto recriminación, fuerte y sin palabras, agresivo de pronunciar; el silencio desconcertado; el silencio del acuerdo pacífico con otras personas o de comunión con el cosmos”.

Revisemos con calma esta joya literaria de Goodman y aprendamos a guardar silencio, a reconocer los que utilizamos con más frecuencia, los que somos capaces de reconocer en los otros. Seamos capaces de guardar nuestras brillantes ideas si lo único que estamos buscando es el reconocimiento. La valoración que más cuenta es la de adentro, la que no se ve. El amor propio es una forma apacible de estar en el mundo, que no necesita la verborrea, la exhibición, el sermón o el discurso gritón.

*Adaptación y traducción libre del artículo “Paul Goodman on the nine kinds of silence” (Paul Goodman sobre los 9 tipos de silencio), en Brainpickings.org

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag