A buen entendedor

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Siempre se agradece que los políticos se expliquen con claridad, para que uno sepa a qué atenerse con ellos. Y si se explican confusamente, bueno, también sabe uno a qué atenerse. El secretario de Comunicaciones, Juan Molinar, publicó hace poco lo que se podría llamar una profesión de fe: “En defensa de las libertades liberales”. Se define como un político de derecha y nos lo explica. Según él, la izquierda es amiga de la igualdad, la derecha es amiga de la libertad. Más claro, agua. Vienen las dificultades cuando se pone a explicarlo.

La distinción en esos términos es una simplificación abusiva que viene de un librito de Norberto Bobbio, bastante desafortunado. Sin duda, se puede decir que la derecha ha defendido siempre la libertad de conciencia, de expresión, de asociación. Salvo que es mentira. Se puede decir que los integristas católicos, el PAN de Guanajuato o el Frente Nacional francés no son de derecha. Lo malo es que sí son. Nos quedamos con que Molinar define la derecha de un modo muy peculiar. También la libertad. En el primer ejemplo que pone, resulta que la izquierda defiende políticas económicas para eliminar el desempleo aunque provoquen inflación, mientras la derecha prefiere “eliminar la inflación y tolerar el desempleo”. ¿Y eso qué tiene que ver con la libertad?

Sigue: “el internacionalismo está del lado de la derecha neoliberal, globalizante y globalifílica y que el nacionalismo y el localismo corresponden a la izquierda globalifóbica”. Es lo que pasa cuando se razona (es un decir) a partir de estereotipos, que termina uno discutiendo con un espantapájaros. Pero no deja de ser revelador que piense que ésa es una alternativa real.

En el corazón de su argumento está la idea de que la igualdad “no es condición esencial del hombre”, sino producto de un “proceso jurídico que se busca”, mientras que la libertad “tiene que ser una premisa, una condición inicial”. Pues no. No hay nada natural ni espontáneo en la igualdad, pero tampoco en la libertad. En un caso y otro necesitamos al Estado, necesitamos leyes que definan los ámbitos de libertad y necesitamos la fuerza del Estado para imponerla, contra la inercia de iglesias, gremios, comunidades y familias.

Sobre la legislación laboral dice que prefiere “la flexibilidad necesaria para la generación del mayor número de volúmenes de facilidades para empleados”. Y hace falta decirlo tan confusamente, porque queda feo defender la libertad de los patronos para contratar y despedir sin limitaciones. Cierra con una andanada contra la educación pública y el sistema de salud, porque debería haber libertad de elegir escuela, médico. No nos dice si la libertad de consumir drogas, por ejemplo, o la libertad para elegir pareja incluso con alguien del mismo sexo son banderas de la derecha. Pero el programa queda bastante claro.

fdm