Martes 24.11.2020 - 00:17

A reconstruir

José Córdoba Montoya
Por:

Ayer, 19 de septiembre, a las 11 hrs., simulacro general para recordar el sismo de 1985; antes, a las 7: 15 hrs., en el Zócalo se izó la bandera a media asta. El simulacro, en todos los edificios públicos y algunos privados, se evacuó en perfecto orden. Era día de recordar esos hechos, en que la sociedad civil salió en solidaridad con sus vecinos, con la gente. Recordamos cómo edificios emblemáticos, como el Nuevo León de Tlatelolco, cayeron con personas adentro. O el Hospital Juárez, sepultando a médicos y enfermeras en los quirófanos del sótano.

La Ciudad de México fue herida ese 19 de septiembre. Todos salimos y regresamos en el simulacro. Nadie pensaba que a las 13:14 hrs. vendría un sismo real, que venía de Axochiapan, Morelos. Otro sismo que nos hizo recordar aquellos infaustos días, de muerte y de rescate, y renacer poco a poco. No era posible que se moviera la tierra exactamente el 19 de septiembre.

Duro, muy duro, yo en el piso 18 de Sedatu. Cayeron libreros, plafones y escritorios; la escalera, con cuarteaduras; la gente en pánico y a bajar en “orden” piso por piso. Y afuera, en Reforma, el olor a gas que se fugaba de restaurantes. Nada comparable con lo que estaban sufriendo en ese momento muchos habitantes, niños de esta ciudad, nuevamente herida; también en Morelos, Edomex, Puebla. Otra vez la desgracia. El Presidente Peña Nieto, de regreso a la CDMX, con todo su gabinete desde Oaxaca.

Miles de mujeres y hombres tratando de hablar con sus familiares, los celulares por momentos sin WhatsApp y el transporte paralizado. ¿A dónde ir?, a caminar más de tres horas a la casa porque había malos informes, que no lo fueron. Miles por Reforma, Insurgentes... y de nuevo vi lo que es maravilloso y que sentimos en 1985: la SOLIDARIDAD que vivimos en la CDMX.

Sobre todo sus jóvenes organizados espontáneamente para guiar el tránsito o pedir cubetas para sacar escombros, poner listones de seguridad. Recoger láminas, piedras, vidrios que a su vez podían herir a otros. Miles de jóvenes en movimiento. Otra vez esa muchachada con conducta ejemplar.

Miles en las calles, ríos humanos queriendo saber cómo están los suyos, y de repente helicópteros de la Marina y del Estado Mayor Presidencial y otros surcando el cielo en auxilio de los que sufrieron pérdidas más graves y en horas camiones del ejército con soldados con el Plan DNIII, certidumbre de que había fuerza para ayudar al rescate. También la policía. Ambulancias de Cruz Roja, ISSSTE e IMSS y motociclistas paramédicos, de civiles que podían transitar para ir a ayudar, no había otro transporte. Las sirenas no pararon.

Tenemos mucho qué hacer, A RECONSTRUIR.