Martes 29.09.2020 - 04:40

A todas las madres

Emociones y decisiones
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Las personas que migraron a México en los años 40 y 50, provenientes de la Europa de la posguerra, no conocían la celebración del 10 de mayo. Atinadamente la habían ideado los comerciantes norteamericanos con el propósito de aumentar sus ventas y en el viejo continente no estaban para eso. Y digo que la creación fue muy positiva porque hacía falta reconocer a las personas más amadas.

Eso, además de que genera un movimiento de dinero impresionante, que le hace mucho bien a la economía. Puestos de flores y florerías con ventas desbordadas, restaurantes a tope y tiendas departamentales a reventar. Pero lo mejor: los rostros felices de las señoras que se sienten amadas y consentidas.

A mí, en lo personal, me hubiera gustado haber adoptado el primer domingo de mayo para conmemorar su existencia, como lo hacen en la mayoría de los países; pero cambiarlo ya es imposible. Y digo que hubiera sido conveniente porque se evitaría el tráfico infernal y cortar la semana laboral (casi nadie trabaja este día por las tardes).

La madre es más que un monumento, bastante feo, por los rumbos de Insurgentes y Reforma. Ella está todos los días presente en nuestra mente y hasta en nuestro lenguaje. Algo que, por cierto, es común en prácticamente todas las culturas; aunque nosotros la recordamos no nada más para proferirle el máximo insulto a alguien.

Decir que alguien es “a toda madre” es un gran halago; así como pensar que alguna persona que hace algo malo, no “tiene madre”, y eso lo dice todo. Aunque también tenemos expresiones que no guardan mucha lógica para el extranjero, por su contradicción implícita, pero que nosotros sí entendemos, como cuando decimos “me vale madre”.

Y bueno, como esta columna es eminentemente política, hago un llamado para que no nos valgan madres las elecciones y nos involucremos en su acontecer. Me parece que no es solamente una responsabilidad, por las implicaciones que éstas tendrán en nuestras vidas, sino también porque no podemos dejar el país en manos de huérfanos por elección propia y que han dejado las cosas hechas un desmadre.

En julio tendrá lugar la madre de todas las elecciones; una que cambiará el destino del país. Los que quieren hacer prehistoria pueden llevarnos por el túnel del tiempo a épocas que no deben volver, donde pretenden que un patriarca gobierne a sus anchas.

En fin, yo veo un futuro que, como dicen en el norte, “estaría con madre”, siempre y cuando nos dediquemos a trabajar por abatir el rezago educativo y los desequilibrios sociales. Que, por cierto, no se resuelven con los programas asistencialistas “pa’ las jefas”.

Para ellas, lo mejor que un gobernante puede dar, es seguridad para sus niños, escuelas de primer nivel, alimentación adecuada, alejarlos de las drogas, acercarlos al deporte y oportunidades laborales. Ése sería el mejor regalo y el que arrancaría muchas sonrisas y disiparía sus angustias.