Adios a las armas

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Este martes 28 de julio, el influyente diario norteamericano The Washington Post publicó un extenso reportaje sobre la situación que guarda la llamada “guerra contra las drogas”. Firmado por William Both y Steve Fainaru, bajo el título: “Una nueva estrategia se impulsa en México”, el periódico da cuenta de las muchas peticiones, reiteradas al ejecutivo federal, para dar un giro a la estrategia contra las drogas.

El Post señala que el despliegue de más de 45 mil militares para enfrentar a los cárteles viene a ser un plan defectuoso que ha incrementado la violencia y la ilegalidad. Lo ejemplifica con la crisis de seguridad que vive hoy Ciudad Juárez, luego de que fueran enviados a esa capital más de diez mil soldados. Cita después al senador panista Ramón Galindo, ex alcalde de esa ciudad, quien afirma: “los mexicanos están perdiendo esperanza, es urgente que el Congreso, los partidos políticos y el Presidente reconsideren la estrategia”.

Al reportaje se suma la información difundida por la oficina del Centro Nacional de Inteligencia contra las Drogas (NDIC, por sus siglas en inglés) organismo dependiente del departamento de justicia norteamericano, consistente en que cárteles de la droga mexicanos y colombianos generan y lavan entre 18 mil y 39 mil millones de dólares al año.

Los datos y el reportaje son preparatorios de un debate que ya se da en los Estados Unidos y que pretende abordar Barack Obama, quien visitará México el 9 y 10 de agosto próximos.

Dos posturas, básicamente, configuran una cara del debate: La que insiste en mantener el apoyo a la estrategia bélica. Otra, que considera que el desmantelamiento de los cárteles cruza por un replanteamiento genérico, consistente en el fortalecimiento de los sistemas de inteligencia y detección de lavado de dinero.

En ese tenor habrá que entender la declaración de Richard Gil Kerlikowske, director de la Oficina de Política Nacional para el Control de las Drogas, adscrita a la Casa Blanca, quien luego de elogiar a Felipe Calderón, equiparó a los narcos con terroristas. Dijo: “Los traficantes son criminales y los gobiernos libres alrededor del mundo no negocian con terroristas.”

La afirmación parecería terrible. Más, viniendo de quien viene, pues fue Kerlikowske, con fama de liberal, quien recomendó a Obama abandonar el concepto “guerra contra las drogas”, por las implicaciones negativas que esa consideración conlleva.

Lo es, también, porque supondría una terrible regresión combatir un problema de orden criminal, como lo es el narcotráfico, como se combatió el terrorismo del que fue víctima Estados Unidos en septiembre de 2001.

La equiparación, que en principio parece una desmesura, sólo se entiende si se lee en relación con el tratamiento que los diversos códigos penales de occidente dan a quien consideran “el enemigo”. El “enemigo” en los “gobiernos libres alrededor del mundo”, para utilizar las palabras de Kerlikowske, viene a ser el terrorista, el narcotraficante o el migrante ilegal. Basta que una persona, desde el momento mismo de la acusación o de la detención, sea ubicada en alguna de estas categorías, para que sus derechos y garantías de defensa se vean seriamente disminuidos.

Habrá que recordar la postura crítica de Obama en relación con la guerra desatada luego de las torres gemelas y la orden ejecutiva de que se abandonara la noción de “combatiente enemigo” que fue la que permitió a George Bush la apertura de los campos de Guantánamo y Abu Grahib.

En eso radica la otra cara de la discusión: ¿Debió Estados Unidos enfrentar los atentados de septiembre del 2001 con una declaración de guerra?

Si para Obama la respuesta es negativa, habrá que entender que el vecino abandona gradualmente el derecho penal del enemigo y estima que México debe dar marcha atrás en su “guerra contra las drogas”. Esa es otra lectura de la declaración de Kerlikowske, pues no negociar con terroristas no conlleva que se les declare la guerra.

Tampoco conviene a Estados Unidos que su frontera sur sea cada vez más violenta e inestable.

Así, por graves que sean el terrorismo y el narcotráfico no dejan de ser delitos. El Estado debe mantener, con respecto a terroristas y narcotraficantes y, frente a cualquier otro delincuente, la asimetría ética que le permite hablar de justicia y no de venganza.

rensal63@hotmail.com

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