Adiós, Obispo

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Por:

Gil Gamés

Gil sabe que en la vida pública mexicana ocurren historias de-saforadas, episodios extraordinarios que se evaden de la memoria bajo el velo de los olvidos y la cháchara diaria. La historia de Onésimo Cepeda es uno de esos episodios. En las aguas agitadas del Twitter, Gil pescó algo de esa trama impresionante en un tuit de Elisa Alanís y una liga a Animal Político: el Obispo Onésimo Cepeda llegó a la edad de jubilación dentro de la Iglesia Católica y presentó su renuncia al Papa Benedicto XVI. El Santo Padre la aceptó y respondió con una centella de bondad y eficacia divinas. Así abandonó Onésimo la Diócesis de Ecatepec.

Animal Político con información de Gatopardo reunió diez rasgos para dibujar un retrato hablado del Obispo. Este conspicuo miembro de la jerarquía católica “no siempre estuvo dedicado al apostolado”, los caminos de la piedad a veces pasan por las casas de bolsa, la banca privada y los grupos financieros, la vocación de Onésimo Cepeda buscó el dinero, el cheque, la escritura no precisamente sagrada.

La Iglesia, decía Juan Pablo II, es la caricia de Dios al mundo. Tenía razón el beato. Al ex Obispo le gustan los toros. Cuando se enteró de que en la Plaza México el juez le negó las orejas al matador Xavier Ocampo, protegé de Onésimo, el obispo insultó al juez y armó la pataleta. Los que están cerca del Señor tienen su carácter, lo que sea de cada quien. Sus colegas cuentan que Onésimo tiene humor, gusto y dinero, a esto llaman también la caricia de Dios.

Gil había olvidado que este personaje fue quien declaró que “el Estado laico es una jalada” cuando la Asamblea Legislativa aprobó los matrimonios gays y la adopción en las parejas del mismo sexo. Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: una finísima persona. Gil nunca vio al Obispo oficiar, no es necesario con estos datos sobran la sangre y el cuerpo del Señor.

La Iglesia, insistía el beato Juan Pablo, no necesita cristianos parciales sino cristianos de una pieza. Gil conoce a uno de ésos, y se llama Onésimo. Pero esto no es nada. Un cuartito de tafil será insuficiente, subamos la dosis a media tableta. En 2011, Onésimo Cepeda declaró su apoyo al ex alcalde de Tijuana, Jorge Hank Rhon, cuando fue detenido y acusado por acopio de armas. Bueno, las personas andando se encuentran, la historia de las amistades así lo demuestra. En la fiesta de sus 70 años, reseñada ampliamente en los periódicos, Cepeda dijo que entre sus amigos políticos destacaba en primerísimo lugar Enrique Peña Nieto.

Pero falta el momento culminante en la historia de Onésimo. Gamés lo ha recordado leyendo la nota de Animal Político: El Obispo fue acusado de fraude. Se apropió de unas cuantas obras de artistas plásticos incluidas en el testamento de un miembro de la familia Azcárraga y por los cuales presentó un pagaré al parecer falso. Onésimo sostuvo que utilizaría las obras para acciones pías en apoyo a los pobres de las zonas rurales. Así se adueñó de obras de Orozco, Rivera, Tamayo, Kahlo, Goya, Chagall. El precio estimado de ese tesoro fue valuado en 130 millones de dólares. ¿Cómo la ven? Sin albur.

Este cordero de Dios de siete suelas se retirará a vivir en paz consigo mismo y sin cuenta alguna que pagar a ninguna autoridad que no sea la que viene de arriba, la que se desprende de los designios del Señor. Aiwey.

Los viernes, Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras llegan las bandejas de whisky Glenfiddich, Gamés, jacobino de raza, increpará a la Iglesia católica y a sus representantes y pondrá a circular la máxima de Voltaire: “Cuando se trata de dinero, todos somos de la misma religión”.

Gil s’en va

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