Ajuste de cuentas en el GDF

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A nadie engaña Marcelo Ebrard cuando afirma que los recientes cambios en su gabinete nada tuvieron que ver con los resultados de las elecciones.

Claro que fue un ajuste de cuentas por el proceso electoral y aún no acaban; secretarios y subsecretarios que se saben en la mira del jefe de Gobierno están nerviosos.

En un claro cobro de facturas, Marcelo decapitó a Jorge Arganis de la Secretaría de Obras, pues abrió 50 frentes de construcción al mismo tiempo y no los pudo terminar antes de las elecciones.

Se sabía que habría caos y molestia, pero al último se apaciguaría la ira ciudadana con una cascada de inauguraciones; lo único que logró Arganis fue irritar a los capitalinos, que nunca llegaban a tiempo por tantos desvíos.

Fue un mal cálculo y Marcelo ni siquiera pudo inaugurar la mayoría de las obras y el voto fue de castigo; echó a Arganis y trajo en su lugar al ex panista José Fernando Aboites Saro.

¿Por qué a alguien que ni arquitecto o ingeniero es? Dicen que porque es un buen administrador y que el diezmo que los constructores pagan para que les den obras tiene que garantizar la campaña de 2012.

Otro que despachó Marcelo fue a Arturo Aispuro en Desarrollo Urbano y Vivienda, que va de la mano de Obras y que tampoco pudo ayudar mucho en el rescate de los espacios públicos y la reordenación del uso del suelo.

Necesitaba su puesto para poder agilizar las inversiones inmobiliarias rumbo al bicenteraio, donde Ebrard tiene varios compromisos y su derrota electoral le dificultará cumplirlos a cabalidad.

Una víctima más fue Axel Dridrikson, secretario de Educación, despedido porque los 400 mil alumnos que mantiene el gobierno capitalino en su aulas, con aportaciones a través de Banorte, no votaron.

Esa fue la primera parte de los recortes, pero ¿qué hay de los 1.2 millones de beneficiarios de los programas sociales del gobierno que no votaron? El PRD sólo obtuvo 700 mil votos en la elección contando a sus militantes.

O sea, ni las madres solteras, viejitos, becarios, desempleados y mantenidos votaron por el gobierno lo cual, además de mostrar la ineficiencia de sus operadores, refleja el hartazgo de la ciudadanía.

A pesar de esta terrible falla, Marcelo se negó a tocar al responsable de estas políticas, Martí Batres, secretario de Desarrollo Social. ¿Por qué no lo corrió si no fue capaz de acarrear ni a los empadronados?

Martí se justificó diciendo que no era gente suya la que operó esos programas.

Algo aún más grave es que el encargado de las elecciones y responsable final de todo triunfo o fracaso es el secretario de Gobierno, y es en este lugar donde se pudiera dar el gran golpe de timón a partir de septiembre.

jadrian02@yahoo.es

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