JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • armando_chaguaceda

El pasado 20 de mayo Cuba celebró su 114 aniversario como Estado nación independiente, dividido a partes iguales en 57 años de república capitalista (con momentos liberales y autoritarios) y otros 57 años de régimen socialista de Estado.

Haciendo un balance, rápido y global, de esa etapa, encontramos elementos que explican la situación actual. Corrupción administrativa, desigualdad, violencia política y exclusión social existieron siempre antes de 1959. Pero la anemia cívica (la expropiación forzada y luego interiorizada de nuestros derechos) ha sido la norma y la conducta que el Estado cubano ha impuesto a su pueblo en el medio siglo pasado.

Quienes, sabiéndonos personas dotadas con derechos inalienables, hemos ejercido la crítica a ese orden, lo hemos pagado caro, con silenciamiento, exilio y en algunos casos riesgo y sufrimiento físico. No importa si el reclamo ha sido hecho en nombre de las promesas justicieras del proyecto revolucionario, encarnadas en leyes que el gobierno incumple y manosea. La mentalidad caciquil de quienes se sienten dueños de una finca fomenta peones y no ciudadanos. Y lo peor es que, incluso lejos del despotismo, muchos compatriotas reproducen las conductas infantilizadas, escapistas y amplificadoras del miedo y el conformismo que mantienen en el poder a la dictadura. Lo cual es su derecho: el derecho a no ser y ejercer como ciudadanos.

Pero quienes decidimos hacerlo tenemos algunas razones audibles. Porque muchos lo intentamos dentro de las instituciones y los espacios de la Revolución. Porque muchas veces creímos en el momento y lugar correctos, mientras burócratas y censores nos vigilaban y armaban gruesos expedientes repletos de mentiras. Porque cumplíamos con los derechos consagrados en la Constitución y nos difamaron como agentes de la CIA. Porque hostigaron a nuestras familias, amigos y colegas. Porque nos percatamos de que aunque se quiera eludir la política bajo un régimen como el cubano ella se cuela en tu vida, exigiendo sometimiento vil. Y, como dice un popular grupo criollo, vivir como los árboles, vegetando entre estaciones, creo que no es vivir.

En estas horas que arrecian en Cuba el miedo y la represión contra activistas, intelectuales, trabajadores en huelga y vecinos que gritan ante la pobreza y el desamparo he tomado dos decisiones. La primera, de índole intelectual, promover y difundir un debate sobre la necesaria agenda y luchas sociales progresistas que mi país necesita, para resistir el capitalismo autoritario que se nos avecina. Espero que, aun sin coincidir en todo, los cubanos valientes y valiosos que siguen impulsando una izquierda necesaria comprendan y valoren las razones de este convite.

La segunda, personal y política, ha sido acompañar el esfuerzo de los miles de cubanos que, bajo el proyecto de la Unión Patriótica de Cuba, están promoviendo la democratización del país sin sometimiento a gobiernos extranjeros ni otros métodos que la educación y el ejercicio autónomos de la ciudadanía. Consciente de riesgos, desencantos y errores, creo que nada es peor que sucumbir a la apatía y el cinismo. Alea jacta est.