Alianza PRD-PAN… reloaded

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Por:

Rubén Cortés

Fieles al fantasma del fin de las ideologías que recorre el país, el PRD va en las próximas elecciones estatales de nuevo por la alianza con el PAN, que le dio el humo de tres gubernaturas: Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Humo, porque al final no consiguió influir en ninguno de esos gobiernos.

En 2016 el PRD quiere ir con el PAN en Tamaulipas, Veracruz e Hidalgo y repetir en Puebla y Oaxaca. Eso pretenden Nueva Izquierda y Alternativa Democrática Nacional, las dos tribus con la mayoría en el Comité Ejecutivo Nacional.

¿Qué consiguió el PRD con las alianzas de 2010? En Sinaloa, el priista Malova no atendió la agenda de ninguno de los dos partidos que lo llevaron al poder y, de facto, regresó al PRI. En Puebla, Moreno Valle fijó un programa panista. En Oaxaca, Gabino Cué prefirió ser un lobo solitario.

Hay que conceder al PRD que logró algo: sacar al PRI de las gubernaturas en esos estados, lo cual es un triunfo electoral sin mayor razón, ya que lo importante de ganar en democracia es la posibilidad de moldear la sociedad gobernada de acuerdo con la ideología del partido ganador.

Pero lo explicó ayer el diputado perredista Rafael Hernández Soriano: “¿Por qué con el PAN, si es responsable de muchos lastres del país? Porque hay estados donde el PRI gobierna hace 80 años sin alternancia, como Tamaulipas, Hidalgo y Veracruz”.

Aunque le den muchas vueltas, eso no es más que el poder por el poder para negociar una rebanada de los presupuestos que, por ejemplo, en Oaxaca oscila los 50 mil millones de pesos, en Puebla 45 mil millones y en Sinaloa 31 mil millones.

Es mayor el costo ideológico, pese a que vivamos el fin de las ideologías. Pero las ideologías sí importan. Tanto que en materia económica la alianza PAN-PRD no funciona, pues las izquierdas se oponen a cualquier fórmula de una modernización de la

economía nacional.

Por eso el bloque que empujó las únicas reformas (no sólo económicas) anteriores a las conseguidas por esta administración fue el de PAN-PRI, como las modificaciones al artículo 27 constitucional, los cambios que impulsaron el avance democrático y la reforma a la relación Estado-Iglesia en 1992.

Además, las plataformas del PAN y el PRD son opuestas, desde que éste plantea “no imponer una moral pública ni sancionar la vida privada sin importar género u orientación sexual”; mientras el otro buscó en la Corte parar las reformas que permiten a personas del mismo sexo casarse.

Sin olvidar que el PRD lucha por la legalización del aborto y los estatutos del PAN establecen que “la vida del ser humano debe protegerse y respetarse desde la concepción hasta la muerte natural”.

Pura incongruencia, pues.

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Twitter: @ruben_cortes