Amado Nervo filosofo

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Guillermo Hurtado

Con los años y las desgracias, la poesía de Amado Nervo sufrió un cambio notable. El poeta dejó de componer orfebrerías verbales, dejó incluso de respetar la rima y la métrica, para buscar un modo de expresión diferente que le permitiera formular una filosofía, no en el sentido de una construcción teórica, sino en el de una respuesta a las grandes preguntas sobre la existencia humana.

En Serenidad, de 1914, junto a versos como “Cobardía” (“Pasó con su madre, ¡Qué rara belleza!...”), hay otros en los que el poeta deja ver su transformación interior, como “La montaña” (“Desde que no persigo las dichas pasajeras muriendo van en mi alma temores y ansiedad…”) o “Renunciación” (“¡Oh Siddharta Gautama!, tú tenías razón…”).

En Elevación, publicado en 1917, Nervo aborda algunos de los temas que ocupaban a Antonio Caso y José Vasconcelos en sus escritos filosóficos: el predominio de la creencia sobre la duda, el imperativo de la acción, la búsqueda de la divinidad más allá de las religiones establecidas. Los tres coinciden en la adopción de cierto anti-intelectualismo, orientalismo y espiritualismo. En Nervo hay, además, influencia teosófica, masónica y esotérica.

Elevación incluye algunos de los versos de Nervo más conocidos como “En paz” (“Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo vida…”) y “Si tú me dices ¡ven!”, pero también poemas en los que formula una filosofía de la vida, como en “Todo yo”, “Expectación”, “Tu filosofía”. Por ejemplo, en “Si eres bueno..”, fechado el 6 de marzo de 1916, Nervo expone ideas muy semejantes a las que Caso había publicado ese mismo año en su obra seminal La existencia como economía y como caridad (“Si eres bueno, sabrás todas las cosas/ sin libro; y no habrá para tu espíritu/ nada ilógico, nada injusto, nada/ negro, en la vastedad del universo”).

En Plenitud, colección de aforismos y prosas poéticas, hay un texto llamado “Los manantiales”, fechado el 21 de diciembre de 1917, en el que Nervo menciona los autores en los que basa “su filosofía”: Platón, Plotino, Pitágoras, la Biblia, la literatura hindú, Epicteto y Marco Aurelio. Estas influencias son las mismas que hallamos en el Pitágoras (1916) y en Estudios indostánicos (1920) de Vasconcelos. Pero aunque Nervo está bajo el mismo horizonte de ideas que Caso y Vasconcelos, dice rechazar los “metafisiqueos”. Así lo afirma en su poema del mismo título, incluido en La amada inmóvil: “¿De qué sirve al triste la filosofía?/ Kant o Schopenhauer o Nietzsche o Bergson…./ ¡Metafísiqueos!”.

Nervo estaba muy enterado de lo que sucedía en la filosofía de su tiempo; sabemos que leyó a Henri Bergson y William James. Su amistad con Miguel de Unamuno, en aquel entonces el filósofo más importante de lengua española, es un testimonio, quizá no tanto de un interés intelectual, como de una condición espiritual. Nervo y Unamuno se leían mutuamente desde principios del siglo XX. En 1914, Nervo le escribe a Unamuno que de ningún hombre de su raza se siente más cerca, le comenta su El sentimiento trágico de la vida, y luego le envía, antes que a nadie, las pruebas de Serenidad.

En 1919, el año de su muerte, Nervo publicó en Montevideo Ideas y observaciones filosóficas de Tello Téllez. En ese librito, Nervo inventó un personaje que, en buena medida, es su alter ego. Téllez se describe a sí mismo como un “poco bergsoniano”. Piensa que el filósofo francés ha matado al mecanicismo y al finalismo. Pero Téllez también tiene algunas ideas sociales. El sueño de Téllez es que en cada rincón de México haya una escuela que sea cuna de la Patria futura. A esa escuela asistirían lo niños más necesitados y se les daría de comer gratuitamente para que pudieran aprovechar las lecciones. Pero para eso, dice Téllez, México tendrá que vivir en paz y para que el presupuesto del Ministerio de Instrucción Pública fuese suficiente. Sin saberlo, Nervo anticipaba el proyecto educativo del régimen revolucionario a partir de Obregón.

En resumen: Nervo, Caso y Vasconcelos están dentro de un mismo clima de ideas; a pesar de que entre el poeta y los filósofos no hubo contacto alguno, ya que él primero radicaba en Europa y aquellos en México. Me parece que esta coincidencia es un dato valioso de nuestra historia intelectual que merecería ser estudiado con atención.

guillermo.hurtado@3.80.3.65