AMLO, en el eje chavista

AMLO, en el eje chavista
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Así como los topos en los servicios de inteligencia, él nunca pasó de ser un activo sigiloso del eje chavista hasta que antier lo destapó Manuel Zelaya: “Es mejor sentirse presidente que serlo: y esto se lo digo a López Obrador que está escuchándome en diferentes lugares”.

Fue el beso del diablo: alguien se encargará de que el eterno aspirante a la Presidencia de México escuche esas palabras en más de uno de los spots durante su próxima campaña por llegar a Los Pinos en 2012. Si algo abunda por aquí es la buena memoria.

De todos modos la única manera que tenía AMLO para desmarcarse de Chávez era decir que México y Venezuela viven realidades distintas. Lo cierto es que sus proyectos políticos están atados por igual a la doctrina que predica el populismo.

Para empezar, ambos son miembros (junto con Evo Morales, Daniel Ortega o las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) del Foro de Sao Paulo, creado por Fidel Castro para nuclear a las izquierdas revolucionarias del más diverso origen y formas de lucha en la región.

Y son obvias las semejanzas de sus diseños sociopolíticos desde que coincidieron en el ejercicio del gobierno, uno como gobernante del DF y el otro, que desde 1998 dirige los destinos de Venezuela.

Los dos usan los cómics para popularizar sus ideas: AMLO con Historias de la Ciudad y Chávez con El Patriota; incluso, éstos coinciden textualmente en llamar “fuerzas oscuras” a sus enemigos.

Las Redes Ciudadanas de Apoyo a López Obrador copiaron a las Brigadas

Revolucionarias chavistas, destinadas al reparto de dádivas para reclutar simpatizantes.

El Programa de Atención Médica y Medicinas Gratuitas que funcionó en el DF fue un duplicado de Misión Barrio Adentro, que organiza de manera comunitaria a los venezolanos pobres para darles servicios de salud a cambio del voto en las elecciones.

También los une su desprecio a la prensa. En 2005, AMLO llamó públicamente a “tener la arrogancia de rebelarse” a los periodistas de La Crónica de Pablo Hiriart, porque era un medio crítico a sus desempeño como Jefe de Gobierno.

Y en 2003 Chávez tomó un ejemplar del periódico El Nacional, lo hizo un rollito y dijo que se metería por el ano a su director, Miguel Henrique Otero, porque no le gustaba su trabajo.

Sin embargo, AMLO pudo mantener distancia pública de Chávez, hasta que Zelaya, convertido en el chivo con sombrero de la cristalería chavista, lo balconeó consciente de que “está escuchándome en diferentes lugares”.

Pero era de esperar que ocurriera. Abraham Lincoln se adelantó en avisar esas revanchas del destino:

No puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.

ruben.cortes@3.80.3.65

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