Sábado 11.07.2020 - 18:54

AMORatados

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Carmen Amescua

En este medio uno siempre tiene amigos que lo invitan a la presentación de su libro, a la premier de su película, al lanzamiento de su nuevo sencillo, etcétera.

El viernes pasado Víctor Salinas me invitó al estreno (que más bien fue reposición) de AMORatados, la obra que escribió. La realidad es que por más amigos que sean nunca sabemos con qué nos toparemos. Debo reconocer (antes de que se me arranquen los aludidos) que independientemente de los resultados admiro el valor para invertir en proyectos que dependen de la mirada ajena para tener o no éxito.

Durante la obra me la pasé en un ping pong mental, escuchando los diálogos y pensando en el autor mientras los escribía. Porque el que escribe de emociones (generalmente) tendrá primero que haberlas tenido en el cuerpo para luego plasmarlas. Cuando el que escribe se conecta hasta las entrañas, invariablemente acabará haciendo que otros se conecten con él a través de su texto. Porque hablar de las relaciones de pareja, del miedo al compromiso, las adicciones, la soledad y el amor gay tiene su dosis de complejidad.

La obra trata temas que a todos nos toca. La necesidad de creer en el amor pero al mismo tiempo el miedo a ser lastimados existe más de lo que quisiéramos reconocer, la angustia que brinca justo cuando van mejor las cosas porque “no vaya a ser que después se terminen” es otra de las patologías actuales más comunes. El síndrome de las mujeres atropelladas por sus ganas de compromiso y su necesidad de actuar para protegerse como si no lo quisieran va en aumento. La aparente diversión que hay en las adicciones cuando en realidad van llenando de ataduras la vida hasta que se vuelve imposible avanzar si no es con la sustancia elegida en el cuerpo existe. El amor gay tan discutido, tan enjuiciado, resulta tan normal a final de cuentas como el heterosexual; con dudas, con ganas de que dure para siempre, con ganas de que se termine, con problemas domésticos, con entrega total, con problemas sexuales, con los mismos ingredientes que cualquier relación de pareja.

La obra es muy divertida, la gente se ríe (a veces de nervios) de sorpresa o porque está exactamente igual de hecho bolas que los personajes. Pero también porque en cuestiones del corazón es más fácil y menos arriesgado ver los toros desde la barrera. Observar nuestros conflictos a 5 metros de distancia ayuda, sobre todo cuando alguien más los interpreta. Es una terapia lúdica para el espectador.

Cuando el producto es bueno como AMORatados lo mejor viene después, cuando se cierra el telón. Ahí comienza la verdadera obra, la que seguiremos representando por horas (a veces por días en nuestra cabeza). Esa que escribiremos a partir de lo que vimos, de lo que se movió internamente y de nuestras propias reflexiones.

camescua7@hotmail.com

Twitter: @Carmen_Amescua