Andar a salto de mata

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Julián Andrade

La detención de Dionisio Loya Plancarte, El Tío, líder de Los Caballeros Templarios, da cuenta del ciclo criminal. Por poderoso que se sea, llega el momento de pagar el costo de una vida de excesos y de violación a la ley.

Más que una lección moralina es una recurrencia histórica. Le ha pasado a casi todos, porque es difícil que algún capo pueda jubilarse sin problema.

Le ocurrió a Pablo Acosta, quien estableció el contrabando de drogas a Estados Unidos desde Ojinaga, en Chihuahua.

Lo mataron cuando dejó de ser funcional y quienes lo protegían, desde el poder, dieron paso a la llegada de nuevos barones de las drogas: Rafael Aguilar Guajardo y Amado Carrillo Fuentes.

El primero fue asesinado en Cancún y el segundo falleció durante una operación de liposucción.

A Francisco Arellano Félix lo detuvieron en una casa de seguridad, estaba disfrazado con una peluca. Pasó años en la cárcel y hace unos meses lo ejecutó un individuo disfrazado de payaso en una fiesta infantil en Los Cabos, Baja California.

Benjamín Arellano, quien purga condena en Estados Unidos, fue capturado en Puebla. Lo acompañaba su mujer, sus hijas pequeñas y La Mojarra, su único guardaespaldas, en ese momento.

Tenía que moverse con mucho cuidado, porque ya le seguían los pasos y las autoridades eran el menor de sus problemas.

Años antes, Juan García Abrego, líder del Cártel del Golfo, fue descubierto viajando en un camión de redilas por caminos secundarios en Tamaulipas. No ofreció resistencia a los agentes de la Policía Judicial Federal.

La fama, en el mundo criminal, suele iniciar la cuenta regresiva, porque es la visibilidad lo que termina por complicar la seguridad y presiona a las autoridades para dar con los bandidos.

Los pone en la mira de otras organizaciones, desatando rivalidades delincuenciales que suelen tener un alto componente de barbarie, como por desgracia ha quedado demostrado en los últimos años.

No hay nada más peligroso que un delincuente de altos vuelos a punto de ser descubierto.

Así podemos seguir, pero queda claro que si bien la riqueza de los narcotraficantes les genera cierto glamur, y es un ejemplo aspiracional para quienes están confundidos o no encuentran mayores esperanzas para superar entornos de marginación, lo frecuente es que vivan a salto de mata, perseguidos por policías y por enemigos, y a veces hasta por una mezcla de ambos.

El Tío, como se sabe, fue detenido porque elementos del Ejército descubrieron que se encontraba escondido en un clóset.

Una suerte de paradoja para uno de los criminales más peligrosos, quien hizo de la amenaza y la extorsión un modo de vida, generando miedo y zozobra en los michoacanos.

Faltan otros integrantes de la dirigencia de Los Caballeros Templarios y es probable que se encuentren en sus madrigueras, ocultos en sótanos y caletas, de las que acaso nunca debieron salir.

La historia criminal sirve, entre otras cosas, para dejar en claro el enorme costo personal y social de quienes conforman los mercados ilegales más violentos.

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