Domingo 20.09.2020 - 19:47

Angeles y diablos

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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-PRIMER TIEMPO: Se cayeron las máscaras azules. Muy calladitos estaban los panistas en la Cámara de Diputados al dejar que la sobre atención a los conflictos intramuros del PRI desviaran la fuente del entrampamiento de la Ley de Seguridad Nacional que les había enviado el Senado. La distracción era creíble: el Senado lo preside Manlio Fabio Beltrones, que disputa al gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, la candidatura presidencial, y quien analizaba la iniciativa era Alfonso Navarrete Prida, diputado consentido del mexiquense. Navarrete Prida presentó numerosas enmiendas, que desató las deliberaciones de los legisladores y agotó los tiempos legislativos. Se acusó de la demora fatal al PRI, pero la realidad es más compleja. La minuta del Senado llegó ¡hace un año al Congreso!, y la Junta de Coordinación Política que encabeza la panista Josefina Vázquez Mota, la turnó a cinco comisiones, garantía que entraría en un túnel del tiempo interminable. En los últimos días del periodo ordinario se comisionó a Navarrete Prida, por su experiencia como ex procurador en el estado de México, para que la Comisión de la Defensa Nacional pudiera dictaminar, pero el panista Javier Corral, no quiso declinar el turno de revisión de la Comisión de Gobernación que preside, y se frenó la Ley. Todo el desprestigio por la falta de una Ley de Seguridad recaía en el PRI, por el peloteo de poder sus grupos en pugna por la candidatura presidencial, hasta que habló quien no es peñista ni beltronista, la de la ex dirigente nacional Beatriz Paredes: ¿Por qué todo el desgaste para el PRI y nada para el PAN? Durante 48 horas pareció que nadie la oía, pero este jueves cambió súbitamente la dinámica en el Congreso y quien fue colocado ante el pelotón de fusilamiento político fue Corral. Los priistas libraron públicamente su agria disputa y encontraron un chivo expiatorio en Corral, el temperamental e impetuoso diputado que estalló y, claro, se hundió.

 SEGUNDO TIEMPO: Corral necesita un corral. “Mentiroso”, le gritó el diputado panista a un columnista. “Prepotente”. El diputado Javier Corral estaba fuera de sí. llevaba las contras a su coordinadora en San Lázaro, Josefina Vázquez Mota, a quien busca relevar cuando deje la Cámara para empezar su precampaña presidencial. Entre los puntos de intriga que mencionó Garfias estaba la Ley de Seguridad Nacional, que le resultó finalmente un bumerán el jueves cuando lo señalaron como el responsable de frenar su aprobación. La respuesta iracunda

—por el tono y fraseo— de Corral era que no iba a permitir que ni el PRI ni el general secretario de la Defensa, Guillermo Galván, “le enmendaran la plana” al presidente Felipe Calderón y que modificaran la iniciativa. ¿Qué la Ley tendría que responder única y exclusivamente a los deseos del Presidente y nadie, como por ejemplo los legisladores, podrían cambiarla? O ¿es como yo digo y no como diga el mundo? ¿Por qué no lo habrá dicho hace un año cuando llegó la minuta de la Ley al Congreso? La iniciativa original de la Ley de Seguridad fue consensuada entre Los Pinos y la Secretaría de la Defensa, pero Corral, a través de sus dichos, lo niega. Sugiere también que el general Galván traiciona al Presidente de la República. Pero si traiciona al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, ¿no es traición a la Patria? “Enmendar la plana” fue su frase del momento. La usó contra Garfias a quien acusó de no gustarle que “le enmienden la plana”. Días antes se peleó con el vocero de Televisa, Manuel Compeán, quien le enmendó la plana al diputado por insistir en sus conjeturas y elucubraciones en contra de la empresa. No fue una gran semana para Corral. Empezó mal y terminó peor. Qué bueno, para él, que acabó el periodo ordinario de sesiones.

 TERCER TIEMPO: La beatificación de un ídolo mexicano. La memoria en México suele ser tan corta que es casi inexistente. Quizás por eso la algarabía este fin de semana en Roma, donde el pequeño —territorialmente— pero poderosísimo estado del Vaticano, beatifica a Juan Pablo II, quien murió en abril de 2005. La beatificación tiene que ver con la aprobación de la Congregación para las Causas de los Santos en enero pasado del milagro que se le atribuye a la intercesión por la monja francesa Marie Simon-Pierre, quien se curó “inmediata e inexplicablemente”, dos meses después de la muerte del Papa, del mal de Parkinson, que era la enfermedad que afligió al Sumo Pontífice. En Roma honrarán al Papa Viajero que, tras la religión fue un cruzado anticomunista, profundamente ideológico, aliado invaluable de Ronald Reagan en su lucha contra la vieja Unión Soviética. Luchador incansable de las causas occidentales, Juan Pablo II llevará siempre pegado a su palmarés su tolerancia o ceguera a la pedofilia de los sacerdotes católicos en el mundo, que aún ensucia la imagen de una Iglesia que no recupera la credibilidad perdida. Juan Pablo II siempre dio apoyo irrestricto e inquebrantable al padre Marcial Maciel, fundador y guía hasta su muerte de los Legionarios de Cristo, por quienes sus fieles mexicanos aplastaron a quienes denunciaron sus violaciones, y conculcaron sin escrúpulo las garantías individuales y derechos humanos en defensa de quien la historia demostró criminal. Esto es algo que el México de la desmemoria no puede olvidar, aunque muchos, por conveniencia, por confort, escojan todavía ese camino.

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