Martes 22.09.2020 - 09:04

Antros, negocio de delegados

Congreso instala Comisión Bicameral de Seguridad Nacional
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Los bares y antros de la capital abren hasta la hora que les da la gana, porque las autoridades se lo permiten.

Por eso se pelean tanto desde las precandidaturas para llegar a ser delegados en el partido que gobierna el DF: porque las delegaciones son botines económicos fabulosos, y no centros de servicio a la ciudadanía.

La ilegalidad es un negocio de las autoridades, por eso no se aplican las leyes ni los reglamentos.

No les conviene que las cosas funcionen como están mandadas. Si se aplicaran, se caería el negocio.

El botín sale de ahí: de negociar la ley.

Eso ocurre en los antros, en las agencias del ministerio público y en las barandillas de los juzgados.

De nada sirve que gastemos cientos de millones de dólares en promover una buena imagen de México en el mundo para atraer turistas si las autoridades no hacen cumplir leyes tan sencillas como el horario de cierre de los bares.

El balazo en la cabeza que le dieron a Salvador Cabañas pudo evitarse si la delegación Álvaro Obregón hubiera hecho su tarea, que no es gran cosa.

Hoy la imagen de un México peligroso por la violencia es imposible de contrarrestar ante la evidencia contundente del futbolista baleado.

Cabañas fue baleado en un antro que a esa hora debería haber estado cerrado y al que nunca debió entrar una persona armada.

Los gobernantes se quejan de que los medios de comunicación difunden una realidad distorsionada del país, al acentuar de manera exagerada la información relativa a hechos de sangre.

Pero los hechos ahí están. Esta vez lo ocurrido en un antro de la avenida Insurgentes tuvo repercusión internacional por la fama del centro delantero paraguayo, pero los actos violentos en ese tipo de centros nocturnos son el pan de cada día.

Como gran respuesta a lo acontecido, las autoridades van a cerrar el Bar Bar. Pero a las autoridades que permiten la operación ilegal de bares y discotecas no les pasa absolutamente nada.

La criminalidad y la delincuencia en el DF están íntimamente relacionadas con la complicidad de las autoridades.

En Bogotá se dictó un reglamento, en 1996, que ordenaba el cierre de bares y expendios de bebidas alcohólicas a la una de la mañana. Los homicidios se redujeron en 40 por ciento.

Después flexibilizaron hasta las tres de la mañana el horario de cierre. Pero se cumple.

Aquí no se cumplen los reglamentos porque las autoridades delegacionales ganan dinero cuando se viola la ley, y los dueños de los antros ganan porque intoxican de alcohol a jóvenes durante más tiempo.

Luego vienen los accidentes, las riñas y los balazos, como el que le dieron a Salvador Cabañas.

phl@3.80.3.65

agp