Aurelio Nuno y Jose Antonio Meade

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Por:

Rubén Cortés

Aurelio Nuño, artífice de la aprobación en el Congreso de las 11 reformas de Enrique Peña para mejorar la educación, reactivar la economía, procurar más eficiencia y consolidar la democracia, llega a una SEP recién acondicionada como rampa de lanzamiento de una candidatura presidencial.

Llega a la Secretaría que siempre supo llegaría: fue coordinador de la agenda de educación durante el periodo de transición y diseñó con grupos de la sociedad civil y académicos la Reforma Educativa que fija reglas claras para ingresar, permanecer y ascender en el magisterio.

Pero la SEP nunca fue, en estos mil días de Peña, catapulta para una candidatura: la reforma no ha podido ser instrumentada por la negativa de la CNTE, que en 2013 tenía presencia en cuatro estados y hoy… en 20.

Pero acaba de ser pavimentada como una carretera hacia Los Pinos, tras la razzia  contra la CNTE: desaparición del IEEPO y órdenes de captura contra 15 líderes, por motín y delincuencia electoral. Tiene de los presupuestos más altos: 292 mil 548.7 millones (en 2014) y 330 mil 325 millones (en 2015).

Según Peña “la Reforma Educativa es la de mayor calado porque es la que tiene que ver con la formación de nuestro capital humano”. Y Nuño se sienta en una silla sagrada (porque antes la ocupó el grande José Vasconcelos) y con pedigrí presidencial (porque desde ahí llegó a Los Pinos Ernesto Zedillo).

Sólo necesita escuchar la voz que le dice: “Vamos, hombre, haz tu juego”.

José Antonio Meade es el peso pesado de los cambios de Enrique Peña en su gabinete: es el funcionario más versátil, integral y curtido entre los colaboradores del Presidente, porque posee el plus único de haber ocupado cuatro secretarías de Estado consecutivas y con dos presidentes: uno del PAN y el actual del PRI.

Un funcionario especial: secretario de Energía y de Hacienda con Felipe Calderón, y con Peña, Canciller y ahora titular de Sedesol. Una acumulación de sapiencia que lo convierte en un Big Leaguer para ser candidato, no únicamente de un solo partido, sino hasta de una coalición.

Reconstruyó la diplomacia que dos sexenios de gobiernos panistas descompusieron: desde el “comes y te vas” de Fox a Fidel Castro, hasta el festivo espionaje de Estados Unidos con Calderón. Tecnócrata del ITAM, emergió como el Canciller indicado mientras duró el Mexico’s Moment.

Incluyente, conciliador, ilustrado, transitó sin problemas de un gabinete panista a uno priista y colaboradores suyos de antes se quedaron en el equipo del actual secretario de Hacienda. Acercó a Peña con los 20 países con mayor intercambio comercial (77 por ciento del comercio global).

Sólo necesita escuchar la voz que le dice: “Eres el hombre del México de 2018”.

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