Bachelet y el manejo de la impopularidad

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Por:

Rafael Rojas

La noticia de que Michelle Bachelet había pedido la renuncia a todo su gabinete -23 ministros- y había solicitado 72 horas para anunciar la integración de su nuevo gobierno, ha recorrido el mundo en las dos últimas semanas, como ejemplo de lo que debe hacer un presidente cuando es revelada una trama de corrupción que, de algún modo, lo involucra.

Si el presidente no renuncia, como sucede ahora mismo en Guatemala, que por lo menos lo haga el gabinete en pleno.

Pero, como hemos visto en días recientes, no hubo cambios en todos los ministerios —sólo en nueve— y en algunos se produjeron enroques o ratificaciones. Los reemplazos más importantes, según la mayoría de los analistas, son los del ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, y de Hacienda, Alberto Arenas, por Jorge Burgos, de la Democracia Cristiana, y Rodrigo Valdés, del Partido por la Democracia (PPD). Ambos pertenecen a la Nueva Mayoría gobernante, pero no al Partido Socialista del que forma parte la presidenta.

Cuando se reveló el caso de corrupción que implicaba al hijo de Bachelet y a su nuera, la presidenta y algunos colaboradores suyos advirtieron que Peñailillo, que manejó el asunto desde La Moneda, en ausencia de la mandataria, ocultó información al gobierno. Al parecer ese poco transparente manejo de la crisis tuvo que ver con otras tramas yuxtapuestas de corrupción que implicaban a los ministros del Interior y de Hacienda. Los casos Penta y Cascadas, sobre financiamiento de campañas políticas, y el caso Caval, que implica al hijo de la presidenta, se cruzan en esos ministerios.

Una interpretación que ha circulado en medios chilenos es que cuando Bachelet pidió la renuncia de todos los ministros no tenía información completa sobre las implicaciones de ambos casos en su gabinete. Al avanzar la investigación, que por lo visto tomó más de 72 horas, la presidenta pareció persuadirse de que no todo el gabinete tenía responsabilidad en la trama o en el manejo de la crisis, cuando la prensa chilena dio a conocer el caso Caval.

El reajuste del gabinete de Bachelet se produce en un momento en que la desaprobación de la presidenta ha ascendido a un 65%. Ni la suspensión del viaje a Panamá, a la pasada Cumbre de las Américas, ni la concentración en los programas de ayuda a los damnificados en los desastres naturales, especialmente de inundaciones y aluviones en abril, han detenido ese aumento de la impopularidad de quien ha sido, con ventaja, el político más querido en Chile en las dos últimas décadas.

Hábilmente, la presidenta ha enviado el mensaje de que las sustituciones y enroques de ministros son, también, un nuevo reparto de las parcelas de poder entre los partidos que integran la coalición gobernante. Si la Democracia Cristiana queda ahora con seis ministerios –la misma cantidad del otrora hegemónico PPD-, los comunistas suben a dos ministerios, por lo que la presidenta busca que la mayor pluralidad del gobierno se refleje en una mejoría de su imagen popular.

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