Banxico: Hacia un discurso más equilibrado

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Por:

Joel Virgen Rojano

En ocasiones, un entorno macroeconómico y financiero favorable respecto al escenario inflacionario local puede justificar un discurso más “desahogado” por parte del banco central. De esta forma, la autoridad central prepararía el terreno para una muy probable pausa prolongada en los movimientos de la tasa de interés de referencia o hasta un probable recorte en los meses siguientes.

No obstante, este tipo de lenguaje en un ambiente con más de una fuente de incertidumbre inflacionaria puede confundirse con un perfil complaciente con la inflación, más aún de tratarse de un banco central que sigue objetivos de inflación y exhibe un récord pobre en términos de cumplimiento.

En este mismo espacio, hemos sido tanto críticos con el banco central local por la falta de cumplimiento en su objetivo permanente de inflación de 3.0%, como críticos con nuestra propia inflexibilidad de reconocer que en términos históricos parece no haber mucha diferencia entre tener una inflación de 3.0 ó 4.0 por ciento.

El problema podría encontrarse en que el Banco de México al tiempo que en los hechos maneja el rango de 2.0-4.0% como un intervalo de confort; insiste en que se trata de un intervalo de variabilidad y que el 3.0% es el objetivo alcanzable.

Curiosamente, algo que ha dejado claro el contenido de las minutas es que, de acuerdo a nuestra lectura, solo se identifica a un miembro de la Junta de Gobierno como el principal crítico de este tipo de incongruencias.

De hecho, no sería aventurado el suponer que sus comentarios críticos hayan por fin tenido eco en una decisión importante por parte de la Junta: el equilibrar su discurso.

Justamente en la minuta de la reunión del 27 de mayo, publicada el pasado viernes, se coincidió en la necesidad de equilibrar más el discurso respecto a los logros y perspectivas favorables en materia de inflación, con los retos pendientes en materia de convergencia de la inflación al objetivo de 3.0% que se marcó el banco central desde el año 2003.

 Consideramos que este es un esfuerzo importante que apunta hacia un banco central con un perfil más neutro y acota riesgos innecesarios para la credibilidad del Banco de México. En este punto es importante el recordar que un banco central no solo modifica las condiciones monetarias a través de movimientos sobre una tasa de interés de referencia o agregados monetarios, sino también a través del manejo de expectativas. En este contexto, la credibilidad del banco central es su principal activo.

Los riesgos eran claros desde que se optó por publicar las minutas de las reuniones de política monetaria. Ahora conocemos más sobre el nivel y dinámica de las discusiones, al tiempo que ahora los miembros de la Junta están más cerca del saludable ejercicio de rendición de cuentas sobre sus acciones (aunque rodaja imperfecta ante la imposibilidad de identificar opiniones con nombre).

En este entorno, ahora sabemos que no hay unanimidad en los enfoques más estructurales que se encuentran en la raíz del manejo de la política monetaria en México. Afortunadamente, hay espacio para la disidencia, que cumple y continuará cumpliendo un valioso papel en la toma de decisiones del banco central. Por lo pronto, tenemos una promesa de un lenguaje más equilibrado, aunque quedan bastantes cabos sueltos en el entendimiento de las prioridades del banco central.