Bolsonaro: el brillo del odio

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La elección presidencial en Brasil ha pasado de ser un entretenimiento mediático a una tragedia por entregas. El puntero, hasta hace poco, era el expresidente Lula, que purga una sentencia de 12 años por corrupción. Luego de hacer campaña desde prisión, cedió su lugar —junto con el primer lugar en las encuestas— a Fernando Haddad. Sin embargo, Haddad —actualmente en segundo lugar— no levanta las mismas simpatías que la cara del milagro del progreso brasileño… aunque esté tras las rejas.

Ante el hastío de la sociedad que vio cómo Brasil pasaba de ser una potencia emergente a un país que no logra levantarse de la crisis y que lastra escándalos multimillonarios de corrupción, esta elección estaba abierta a la oposición. El partido en el poder sabe que va a perder, la pregunta es ante quién.

Ahí, en este momento de agitación, desesperación y convulsión social, entra la figura de Jair Bolsonaro, un político de ultraderecha que lleva años jugando el papel de la voz disidente —un tanto paranoica— que nadie tomaba muy en serio. La desesperación, el enojo y la confrontación de la sociedad contra un régimen que la ha traicionado es el caldo de cultivo ideal para un cambio, cosa que un populista sabe bien aprovechar.

Bolsonaro encarna a ese líder político irreverente, que exalta la violencia y que no teme arremeter contra distintos grupos sociales en sus discursos. Divide, encona y agita para ganar votos. El ahora líder en las encuestas ha llegado, aparentemente de la nada, a ser un serio contendiente por la presidencia de una de las economías más fuertes de nuestro continente.

Bolsonaro es tachado de racista, machista y homófobo. Del mismo modo, ha hablado románticamente de la dictadura en Brasil, añorando el tiempo en el que se podía simplemente matar al opositor so pretexto de mantener el orden. Por más grotesco que esto parezca, en el fondo, muchas personas piensan de ese modo. Ahora tienen a alguien que se atreve a expresar en público lo que ellos piensan en secreto. Es un candidato apoyado por la peor parte de cada uno de nosotros.

“Yo a usted no la violaría porque no se lo merece”, “Policía que no mata, no es policía”, “La dictadura debería haber matado a 30,000 personas más”. Son algunas de las linduras de este personaje que, por suerte, también es el candidato más odiado con casi el 46% en las encuestas y que desataron este sábado una marcha de miles de mujeres con el lema “No él” en las pancartas.

En Brasil existe un sistema de segunda vuelta que apoya la idea de que Bolsonaro no llegará finalmente a la presidencia. Sin embargo, el enojo no es buen consejero para el votante y ya hemos visto resultados sorpresivos en contiendas similares. Esperemos que no sea el caso.