Brasil, la fiesta y el drama

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Río de Janeiro.— Si de por sí moverse en esta ciudad tiende a ser una pesadilla, similar a lo que se vive en la Ciudad de México con marchas o sin ellas, los Juegos Olímpicos han desatado tal caos, que llegan a presentarse momentos en los que no hay manera de avanzar ni un metro.

Como suele suceder, hay una combinación entre una suerte de influencias entre los periodistas y los altos funcionarios del COI. Por más que provoque críticas este hecho, pareciera que no hay de otra. Si no fuera así, la cobertura de los juegos se uniría al caos.

Los medios son el gran aliado de los juegos. Son los que terminan por exponenciarlos y darlos a conocer. No es casual la gran cantidad de dinero que se gasta por los derechos de transmisión. Se paga por la cobertura, pero sobre todo por el gran negocio que significan.

Los patrocinadores de los juegos, más todos los que se van uniendo, son quienes hacen rentable el evento para los medios. A veces no se da la fórmula completa pero es evidente que para las empresas patrocinadoras y para los medios de comunicación, que adquieren los derechos, bien se puede decir que los ganan, les da una imagen y una proyección que difícilmente puede proporcionarles cualquier otro evento.

El deporte se ha convertido en el gran negocio. Desde que se permitió que los deportistas profesionales pudieran competir en Juegos Olímpicos, muchas cosas cambiaron. Digamos que a los medios de comunicación, el COI y a las marcas se les acabó el pudor.

La rebatinga ahora se da por otras razones, y hemos entrado en lo que bien podríamos definir como una guerra de billetazos. El negocio se ha cerrado en las taquillas para trasladarlo o bien a las agencias que venden boletos o a los bancos.

Para los brasileños los Juegos Olímpicos van a estar cerca y lejos. Estarán en todas las televisiones del país y estarán lejos en los estadios. Los precios de la mayoría de los eventos son altos y ya están vendidos o en la reventa. Bajo la actual situación económica de las familias brasileñas, antes que pensar en comprar un boleto, evidentemente piensan en otra cosa.

El enorme tamaño de país y su gran número de habitantes, 206 millones, provoca muchas hipótesis de lo que pueda pasar en los próximos días. Hay quien dice que los juegos son vistos por muchos brasileños bajo una mirada regional, lo que pasa en Río se queda en Río y sólo lo ven los de Río.

Sin embargo, también existe la idea de que los juegos son una oportunidad para revertir, aunque sea en algo, el tan decaído orgullo brasileño. La gente quiere una revancha en futbol y da la impresión que todo está para que se pueda presentar.

A pesar de todo, los fantasmas rodean de nuevo al futbol brasileño porque lo mismo se creía, pensaba e imaginaba hace dos años en su mundial. Alemania se encargó de romper el sueño, a lo que se sumó que durante su participación en el evento fueron incapaces de dar aunque sea una prueba del mítico jogo bonito.

No queda claro cómo se vayan a dar las cosas. El cambio político ha provocado que las autoridades se vayan pasando la pelota.

Los que buscaron y consiguieron la sede de los juegos ya no están, y los que están se van a llevar los aplausos o en una de esas los silbidos. La seguridad los tiene con razón inquietos y no es para menos. Han recibido asesoría de EU y en las últimas semanas de Francia y Alemania.

Brasil ha recibido muchas críticas. Algunas son justas y otras son mal intencionadas y hasta banales. Desde el viernes este país estará a la vista de todos y todos lo saben. Lo saben los opositores a los juegos, los que están con Rousseff y Lula, los que están con Temer y lo saben también muy bien los terroristas.

Brasil está en la fiesta en medio del drama.

 RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer:

Nos hemos pasado durante años preparando los juegos. Hemos visto cómo los políticos han jugado con ellos y con nosotros. Sí vendrá el día después, pero estamos felices porque nos vienen a ver: Marina Ribeiro, edecán.

solorzano52mx@yahoo.com.mx

Twitter: @JavierSolorzano