Brasil, ¿ladrón que roba a ladrón?

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • montserrats-columnista

La situación política de Brasil es digna de un análisis profundo que marcará la historia de la democracia en ese país y que influirá en toda la región. De hecho, las reacciones no se han hecho esperar y ya existe quien tacha este acto de “golpe de estado” y se cura en salud anunciando que seguramente las fuerzas internacionales y sus enemigos políticos ya fraguan un destino similar para su gobierno. Pero dejando las alucinaciones de Nicolás Maduro de lado, lo sucedido a Dilma refleja las serias lagunas del sistema de gobierno de una nación que ha sido protagonista en el continente.

Brasil pasó de ser una gran promesa a convertirse en una potencia que lideraba con su milagro económico y social. La llegada de Lula, la salida de la pobreza de miles de personas, los grandes eventos sociales y deportivos… el mundo vivía un romance con el gigante amazónico. Nadie se atrevió a pensar que duraría tan poco esta ilusión de progreso. Sin embargo, cuando la corrupción es parte del sistema mismo, la prosperidad se queda en la superficie. La caída fue dura, pues los vuelos eran altos. Al irse el líder carismático, al gobierno le fue imposible mantener la ilusión y Petrobras fue el foco de varios escándalos de corrupción.

Ahora, Dilma y Lula se protegen mutuamente incapaces de detener la avalancha de acusaciones en su contra. La controversia está en que las cámaras legislativas son tan culpables como los líderes del Poder Ejecutivo de los innumerables delitos de corrupción que se les imputan al exmandatario y a la presidenta. Además, la misma Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró que el proceso contra Rousseff no tiene base jurídica.

Esto no detuvo a las cámaras que se apoyaban en el clamor popular que llenó una vez más las calles de Brasil. Los brasileños están cansados de tener un gobierno que les corta las alas y tienen toda la razón. Sin embargo, ¿puede obtener la ciudadanía una ganancia en su desesperado grito por acabar con la corrupción cuando se destituye a una figura política con un proceso que es, en sí mismo, corrupto y manejado por personajes corruptos?

La problemática en Brasil recuerda la de los países que hemos hecho de la corrupción nuestro sistema de vida. Desde los actos más insignificantes a las grandes cúpulas del poder, el fin justifica los medios. Muchos piensan que es simplemente hacer justicia, que hay que empezar a desenredar la madeja jalando algún hilo como sea. Yo creo que no es así, debería respetarse el debido proceso para no perpetuar un sistema donde no prevalece la verdad y la justicia sino el interés y la fuerza. Sin embargo, parece que esto no es realista y que vivimos en un sistema en el que ladrón que roba a ladrón…

msalomonf@gmail.com