Brasil, un desastre olímpico

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Por:
  • montserrats-columnista

A un mes de que inicien los Juegos Olímpicos en la ciudad de Río, Brasil no tiene tiempo que perder y necesita poner en orden —o al menos aparentarlo— el desastre interno que vive luego de la salida de Dilma de la presidencia.

La crisis política se agudiza a cada paso. Luego de las fuertes críticas que el gobierno de Temer sufrió por su composición (100 por ciento de varones blancos en un país multirracial y orgulloso de incluir mujeres en puestos importantes) y por nombrar dentro del gabinete a personajes sospechosos de estar implicados en los escándalos de corrupción de Petrobras, la situación toca fondo al hacerse pública una llamada en la que el Ministro de Planeación, Romero Jucá, parece sugerir que la salida de Dilma debería bastar para parar las investigaciones y salvar a muchas cabezas sospechosas.

Por supuesto, Jucá ha negado todo y ha hecho malabares lingüísticos para afirmar que se refería a lo que no se refería. Sin embargo, el golpe está dado y la impresión de que todo el gobierno de Temer –vicepresidente de Dilma- está implicado en la corrupción de la que se acusó a la presidenta, es cada vez más fuerte.

Este escenario tiene un trasfondo doloroso que lleva a pensar que las consecuencias del sistema corrupto brasileño tardarán décadas en dejarse atrás. Brasil vive una de las peores crisis económicas en décadas. Temer ha anunciado recortes a las políticas sociales que no han sido bien recibidos y que no auguran un futuro prometedor para el político de Sao Paulo.

Se estima que este año Brasil tendrá una reducción del 4 por ciento en su economía mientras que crecerá la inflación y el desempleo. Lejos quedan los tiempos en los que hablábamos del milagro sudamericano… Ya se ve que el meteórico ascenso que logró Lula no estuvo exento de cifras maquilladas y las arcas vaciadas por las mismas costumbres corruptas que en su momento dijo rechazar.

Para colmo, las obras olímpicas no están terminadas y se sospecha que falta mucho más que ese 2 por ciento del que presume el gobierno. El gasto público en esta infraestructura que tendrá que terminarse a marchas forzadas ha subido a proporciones alarmantes. La ambición de organizar tantos eventos deportivos de alto perfil en tan poco tiempo podría ser un clavo más al ataúd de la economía de Brasil.

Temer se propone ahora tocar el sistema de pensiones para tratar de cerrar la brecha y sanear las finanzas. Este puede ser el punto que desate la ira de la población con los reflectores olímpicos bien colocados. Aunque parece sensato modificar un sistema que permite a millones de personas jubilarse a los 50 años, en este momento los ciudadanos brasileños ya no buscan razones, buscan justicia y modificar de raíz un sistema que funciona desde y para la corrupción.

msalomonf@gmail.com