Viernes 10.07.2020 - 23:41

Cambio de regimen

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Julián Andrade

Las negociaciones de la reforma política, que hoy se promulga, fueron arduas y complicadas en su último tramo.

El diseño estaba contemplado desde el Pacto por México, pero la aprobación de la reforma energética se coló y por momento se ataron ambas disposiciones.

Esto generó un cierto desconcierto, críticas en algunos círculos y la percepción de que estamos ante un cambio que muestra claroscuros.

Quizá el nudo del problema lo representa el Instituto Nacional Electoral. Muchos pensamos que no era necesario y que el IFE ya había demostrado, y con creces, su eficacia, inclusive en momentos de alta tensión, como los que se vivieron en 2006.

Pero una vez aprobado, ahora hay que buscar que funcione bien y que signifique una diferencia sobre todo en lo que respecta a las contiendas locales, que es donde suelen existir mayores problemas, muchos de ellos más mediáticos que reales.

Un aspecto interesante es que se establecen tres nuevas causales de nulidad: rebasar en más del cinco por ciento el tope de campaña, recibir recursos ilícitos y comprar ilegalmente cobertura informativa.

Al mismo tiempo, se van a sancionar las denuncias frívolas, a las que son tan adeptos algunos actores políticos. Por ejemplo, el escándalo sobre las tarjetas Soriana habría tenido consecuencias, pero para quienes lo montaron, sin pruebas y con una clara intencionalidad dolosa.

Habrá reelección de diputados y senadores, aunque esta medida aplicará para quienes sean electos hasta 2018.

Me parece, sin embargo, que uno de los cambios más notables es el que modifica el régimen político, abriendo la puerta a los gobiernos de coalición.

El próximo Presidente de la República tendrá en sus manos la posibilidad de impulsar una agenda con otras fuerzas políticas, para construir mayorías en las cámaras.

Esto se hará suscribiendo un programa común y con la ratificación de todos los secretarios de Estado, con excepción de los titulares de la Defensa y Marina.

Es una trasformación notable para el presidencialismo mexicano, que además puede revertir la parálisis legislativa a la que con frecuencia están sometidos los gobiernos divididos.

Pero si no se opta por la coalición, el Congreso tendrá facultad de ratificar al secretario de Hacienda, por parte de los diputados; y los senadores, al canciller.

La PGR se convertirá en la Fiscalía General de la República y tendrá autonomía técnica. La designación de su titular será compartida entre el Ejecutivo y el Legislativo. El presidente elaborará una terna, pero a partir de 10 candidatos propuestos por los legisladores.

Es una apuesta clara por la corresponsabilidad, el control y el equilibrio entre poderes, lo que además puede significar la llegada de servidores públicos que cuenten con una legitimidad mucho mayor.

Si bien muchas de estas novedades probarán su eficacia hasta dentro de algunos años, hay que destacar que la transformación es profunda y que sí se pueden hacer las cosas cuando se dejan de lado los intereses particulares y se actúa con una visión de largo plazo.

Pero hay que tener claro que fue posible, porque en las dirigencias de los partidos despachaba gente sensata, no predicadores del pesimismo y el desaliento.

julian.andrade@3.80.3.65

Twitter: @jandradej