Canciones de mi amor

La OCDE avala aplicar Planea cada dos años
Por:
  • larazon

Decía Jorge Luis Borges que todo el destino consta de un solo momento: aquel en el que el hombre sabe para siempre quién es.

A mí me sucedió cuando escuché “La era está pariendo un corazón”, de Silvio Rodríguez. Yo tenía cinco años y jugaba con mi hermana pequeña en una loma de arena, mientras de la radio salía una voz de pájaro herido:

“Mi sombra dice que reírse/ es ver los llantos como mi llanto/ y me he callado, desesperado/ y escucho entonces: la tierra llora”.

Era una de esas tardes en que el cielo del Caribe se vetea de violeta y morado: esa mezcla de colores apesadumbrados que a los nativos le inspira serenidad y compasión: el fatalismo de su memoria genética avisa de un ciclón que arrasará con todo y sólo les quedarán sus santos.

Corrían los días de Vietnam y, por instinto, asocié “La era...” con la guerra.

Años después, Silvio me dijo en su vaporosa y habanera casa del reparto Siboney que, en efecto, estaba inspirada en la guerra de Vietnam.

Su confesión trajo toda la dicha para el niño que jugaba en la loma de arena y que por fortuna me ha acompañado siempre: nada hace más feliz a un niño que un instante de lucidez.

Una perspicacia que, en cambio, no sirvió para encontrar otra canción escuchada en la misma radio de bulbos prehistóricos y a la que sigo la pista hace 38 años. Dice más o menos que la vida es un tren expreso que recorre leguas miles.

Tenía siete años. Jamás la volví a oír. Pero a finales de los años 80 García Márquez escribió que, estando en casa de Fidel Castro, “alguien cantaba en la televisión una canción antigua sobre el tren que recorre leguas miles”.

Una noche le pregunté si la conocía y tampoco supo. Pero me habló de la influencia de la música en su obra y que mientras escribía El coronel no tiene quien le escriba su único consuelo era la música de un radio prestado.

Tanto le gustaba la música que le dio a Silvio letras suyas para que las cantara. Todo iba bien hasta que dijo que Roberto Carlos era de sus cantantes favoritos y Silvio le respondió: “Se puede ser Premio Nobel de Literatura, pero no del buen gusto”.

Y ya no hubo canciones con letra de García Márquez y música de Silvio Rodríguez.

En cuanto a mí, anoche el niño de la loma de arena volvió a tener un momento de lucidez: para qué seguir buscando aquella de las leguas miles, si ya tenía “La era está pariendo un corazón”.

Y a uno sólo lo acompaña una canción en la vida.

La que le enseña quién es y para siempre.

ruben.cortes@3.80.3.65

fdm