Domingo 20.09.2020 - 12:49

Candidatos fantasma

Emociones y decisiones
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Qué extraña campaña ésta que estamos viviendo; nunca había visto algo así. No se le siente en la calle; todo es a través de redes sociales y anuncios en los medios. Se ven espectaculares y anuncios en los autobuses, pero los candidatos son invisibles. Y no me refiero a los que van por la Jefatura, sino los que buscan alcaldías y diputaciones.

Quizá hayan decidido flotar como margaritas en un estanque, irse con la inercia de sus candidatos a la grande y a la Jefatura de Gobierno. Pero eso es malo, por donde se vea, empezando porque nosotros, los ciudadanos, les importamos un comino.

No hay puesto de elección popular con más incidencia en nuestra vida diaria que la de un alcalde; y cuando los contendientes están ausentes, cuando ni siquiera se preocupan por hacer que conozcamos sus nombres y trayectorias, es un mal augurio. Esto quiere decir que su único compromiso es con sus jefes y no con quienes los elegirán.

Pero desde el plano meramente político, también es una mala apuesta, porque no contribuyen al crecimiento, ni de sus personalidades ni de sus partidos. Nunca había visto algo por el estilo; al grado de que no me he topado con ninguna brigada en ninguno de los domicilios que frecuento o en mis recorridos por la ciudad.

En todas las campañas en las que participé, ya sea como candidato, coordinador o asesor, mucho se hacía a ras de tierra, recorriendo colonias, tocando puertas, escuchando las demandas ciudadanas y conociendo a las personas y sus historias. Pero hoy veo con asombro que el contacto directo con la gente está siendo evitado por muchos. Aunque hay algo que para mí es todavía más preocupante: es la falta de liderazgos verdaderos, con visión y con capacidad de inducir cambios positivos.

Los candidatos a las alcaldías no nos dicen mucho; algunos se están reciclando y tampoco dejaron muchos cambios tras de sí. El eterno problema es que en realidad gobiernan muy poco tiempo, porque buscan seguir viviendo del presupuesto público, saltando de puesto en puesto.

Dado que nuestras calles, escuelas y jardines siguen igual, después de décadas de gobiernos de izquierda, la única razón lógica que encuentro en la capacidad de permanencia de estos personajes es por la perversión de nuestro sistema electoral.

Aquí ganan las estructuras partidistas, no importa si el contendiente es un caballo, un actorcillo o una persona brillante. Eso explica por qué les da lo mismo conocernos y escucharnos.

Ellos son los mirreyes de la política, a quienes les interesa hablar de viajes, aventuras y restaurantes; pero les pesa caminar por los barrios más pobres de la ciudad. Nada les mueve ni conmueve, porque la política mexicana está hecha para eso: para no enfrentar ni rendir cuentas.

En estos últimos días leí que, por enésima vez, tienen que limpiar las presas de Álvaro Obregón. No puedo más que concluir que los que nos gobiernan no pueden resolver ni un café con leche. Lo delicado de todo esto es que cada día nos degradamos más como sociedad.