Charlottesville

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • raudel_avila

Federico Gamboa fue un novelista muy exitoso del porfiriato. “Nuestro primer bestseller” le decía Monsiváis, en referencia a su novela Santa, que hizo llorar a miles de mexicanos. Gamboa escribió unos diarios durante su período como miembro del servicio exterior, donde cuenta sus andanzas por Estados Unidos, como primer secretario de la legación mexicana en Washington.

Al llegar a Estados Unidos en 1903, su tren hizo escala en algún pueblo sureño. Gamboa describe aterrorizado una noticia del periódico local, referente al linchamiento de un afroamericano. El afroamericano fue quemado vivo frente a una multitud enardecida. No obstante, Gamboa reconoce emocionado que en un discurso, el presidente republicano de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, se pronunció enérgica y contundentemente contra el linchamiento. Teddy Roosevelt condenó la violencia y el racismo, usando la autoridad moral de su posición política para señalarles a los estadounidenses que esas conductas eran inaceptables.

Los responsables del linchamiento fueron encarcelados. El presidente Roosevelt inició una política de acercamientos con la comunidad afroamericana, invitando a cenar a la Casa Blanca por primera vez en la historia a un negro, el intelectual afroamericano Booker T. Washington.

El sábado 12 de agosto de este año, se produjeron dos manifestaciones simultáneas en Charlottesville, Virginia. Por una parte, un grupo de supremacistas raciales blancos, que se oponían al retiro de una estatua de Robert E. Lee, el general de los ejércitos confederados que durante la guerra civil estadounidense defendió el esclavismo. Por otro lado, una manifestación de individuos que, en respuesta a los supremacistas blancos, protestaban contra el racismo ultranacionalista en Estados Unidos. De pronto, un automóvil embistió al grupo antirracista. Mató una persona e hirió otras 19.

El presidente Donald Trump condenó la violencia de “muchos lados”, pero los manifestantes antirracistas no estaban ejerciendo ningún tipo de violencia.

Sólo fue violento uno de los grupos, no muchos. La ambivalencia de Trump para condenar lo ocurrido, se interpretó por los grupos radicales como un gesto de simpatía. Expresidentes y líderes de su propio partido han criticado la actitud de Trump. La opinión de Trump no ha variado gran cosa. El contraste con la disposición de su correligionario Teddy Roosevelt, hace 114 años, no puede ser más notorio.

Cuando se anunció la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales, múltiples analistas estadounidenses recordaron La conjura contra América, novela del gran escritor Philip Roth. Ahí, Roth imagina qué hubiera pasado en la segunda guerra mundial, si en lugar de reelegirse el otro presidente Roosevelt (Franklin D.), hubiera ganado las elecciones un republicano simpatizante del nazismo y Estados Unidos se aliara con Hitler.

La novela es aterradora. Pensé que los analistas que la citaron cuando ganó Trump estaban exagerando. Ya no estoy seguro.

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Twitter:@avila_raudel