Viernes 4.12.2020 - 07:30

Ciudad de México, 19 de septiembre

Réquiem por la democracia
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Eran las 13 horas con quince minutos del 19 de septiembre de 2017. Sin previo aviso, los habitantes de la Ciudad de México sentimos un jalón fuera de lo habitual. Y aunque los capitalinos estamos familiarizados con los sismos, el movimiento del día de ayer rebasó los rangos a los que estamos acostumbrados.

Viví el sismo de 1985 y puedo decir que el que ocurrió ayer, 32 años después, se sintió con más fuerza. Esto podría explicarse considerando que el epicentro ocurrió a 132 km de nuestra ciudad.

Por lo general, el movimiento se percibe de manera gradual y eso nos da algunos momentos para poder evacuar los edificios o resguardarnos en las zonas de seguridad. Pero esta vez no fue así.

Desde el balcón del edificio en Santa Fe en el que me encontraba, miré el terrorífico vaivén del Hotel Intercontinental, con 155 metros de altura; una danza macabra de rascacielos —Península, Arcos Santa Fe, City Capital, Grand Santa Fe— que al unísono mostraba la flexibilidad de sus construcciones. Sólo alcancé a pensar: ¡si pierden el ritmo o el compás, nos morimos todos!

Durante los segundos que duró el sismo, la alberca  del edificio Infinity —ubicada en la terraza del último piso— se desbordó; infortunadamente, el primer edificio del Residencial Vista del Campo alcanzó a ladearse.

Los empleados del edificio Chrysler y del corporativo de Banorte salieron rápidamente: asustados y confundidos. El tráfico se detuvo y por algunos segundos lo único que se percibía era la adrenalina a flor de piel. Nos resguardamos en las pocas banquetas que hay en la colonia y esperamos instrucciones de las personas de seguridad.

Santa Fe es una zona que concentra mucha población flotante: estudiantes de siete universidades —Tecnológico de Monterrey, Cide, UAM Cuajimalpa, Iberoamericana, UVM, Westhill y Universidad Panamericana—, empleados de corporativos y personal que trabaja en los centros comerciales —Centro Santa Fe, Patio Santa Fe, Samara, Garden, Park Plaza, Zentrika—, por ello, la coordinación en la evacuación fue fundamental y mostró que los protocolos de seguridad funcionan.

Sin embargo, una hora más tarde, miles de trabajadores y estudiantes intentaron regresar a sus casas y esto hizo que el habitual tráfico pesado de la zona se volviera intransitable. Se reportaron varios asaltos en las glorietas y, en medio de la desgracia de la ciudad, vimos el rostro amargo de la mezquindad de algunos.

No pensé en volver a ver las calles de mi ciudad envueltas en la tragedia de otro terremoto. Me conmueve la solidaridad de los voluntarios y la generosidad de tantos. Espero mirar pronto cómo se recuperan nuestras calles y nuestros edificios, de la mano de la ciudadanía organizada.

No alcanzan las palabras para abrazar a quienes perdieron a amigos, familiares y colegas.