¿Coletazo de Obama?

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Por:
  • rafaelr-columnista

El presidente Barack Obama está de salida. En tres semanas Donald J. Trump asumirá la presidencia de Estados Unidos y se mudará a la Casa Blanca. Fuera de los quince días de vacaciones en Hawái, con su familia, al mandatario saliente se le va el poco tiempo que le queda en organizar la transición de poderes y en idear alguna respuesta al presunto hackeo ruso de las pasadas elecciones o alguna reacción diplomática a los atentados del Estado Islámico o a la caída de Aleppo a manos de las fuerzas conjuntas de Vladimir Putin y Bashar al Assad.

Aún así, ese Obama menguante es pretexto suficiente para vestirse de perfecto enemigo del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Tras la crisis generada por el retiro de los billetes de 100 bolívares, que ha provocado semanas de protestas y saqueos en diversas ciudades venezolanas, los medios de comunicación del bloque bolivariano armaron el relato del “coletazo de Obama”. Según esa versión, la Casa Blanca está detrás del retraso en la llegada de billetes -¡procedentes de Rusia!- y de todas las protestas espontáneas de los últimos días, que ni siquiera han sido encabezadas por la oposición venezolana.

Como bien ha descrito Ángel Alayón en The New York Times, el colapso monetario venezolano es resultado de una política financiera que ha desatado una inflación imparable y una economía zombie, en la última década. Entre 2008 y 2015, dice Alayón, el bolívar sufrió un ascenso inflacionario de 2257 por ciento. El billete de cien bolívares, que confiscó Maduro, acaparaba más del 70% del circulante. Era de esperar que con los almacenes desiertos y la falta de efectivo, la ciudadanía saliera a las calles a mostrar su inconformidad. La responsabilidad directa recae en el gobierno de Nicolás Maduro, no en el de Barack Obama.

A pesar de tanta evidencia no son pocos los medios latinoamericano que reproducen la fantasía del “coletazo de Obama”. Esa estrategia, de factura castrista, sigue siendo rentable en amplios sectores de la región que reciclan la vieja mentalidad nacionalista, incapaz de ver el origen de la crisis en el fracaso de un modelo económico y en la conducción autoritaria y cortoplacista de los recursos nacionales. La economía venezolana está sometida a control de cambio desde 2003, por lo que las decisiones monetarias de Caracas son más autónomas que las de otros gobiernos latinoamericanos o caribeños.

La tesis de que Obama y Estados Unidos son los autores de la bancarrota venezolana choca con la realidad de que es muy poco lo que puede hacer Washington para afectar la economía de esa nación suramericana. El colmo es que Estados Unidos no sólo se mantiene como uno de los principales compradores de petróleo venezolano, después de China y muy por encima de la “amiga Rusia”, sino que en los últimos años Caracas ha importado combustible de Estados Unidos a precios módicos. Si Obama hubiera querido dar un verdadero coletazo habría suspendido esas transacciones y no habría ordenado a John Kerry tratar de mantener a flote el vínculo bilateral.

rafael.rojas@3.80.3.65