Colombia, después de la pacificación

AMLO-Peña Nieto
Por:
  • javier_solorzano_zinser

Bogotá.- Colombia está superando uno de sus momentos más complejos y riesgosos de su historia moderna.

Han sido más de 50 años de una guerra cruenta y brutal entre diferentes gobiernos colombianos y la guerrilla de las FARC, estando en medio los descarnados y violentos cárteles de la droga. Un largo infierno que parecía que jamás tendría un final.

A la llegada a la presidencia de Colombia de Juan Manuel Santos, en 2010, se dio un nuevo intento por pacificar al país. Las intenciones valían pero todo se veía remoto y lejano.

Todos los proyectos para pacificar Colombia habían sido infructuosos rallando en lo frustrante. Nadie cedía y se fue creando una abierta división año tras año en donde la vida cotidiana del país se resumía en unos contra otros.

Colombia no tenía capacidad de maniobra. La población civil fue la más afectada; vivió secuestros, atentados y torturas. Los ciudadanos no tenían equilibrio alguno en sus vidas y estaban entre la angustia y el miedo; ellas y ellos sabían mejor que nadie que podría pasar cualquier cosa en cualquier momento.

Todos en Colombia veían la paz como algo cercano a lo imposible. Nadie se acostumbra a la violencia, nadie se acostumbra a la muerte violenta, nadie podía seguir tolerando lo intolerante. A Colombia le urgía un alto, una tregua o por lo menos que la vida adquiriera un sentido diferente.

No todos los presidentes de Colombia han querido la paz, algunos de ellos más bien han querido aniquilar a quienes empuñaron las armas para luchar por sus causas en favor de lo que ellos decían era una causa justa.

No hay manera de pensar en las armas como mecanismo para solucionar los problemas. Sin embargo, Colombia vivió bajo este yugo 50 años. Todo se agudizó durante este tiempo debido a la presencia del narcotráfico, el cual fue poco a poco cogobernando, intimidando y atemorizando a todo el país.

Hubo momentos de una cercanía e incluso de una fustigable complicidad entre el narco y la guerrilla.

Juan Manuel Santos venía, antes de ser presidente, cuando ocupaba otros cargos en el gobierno, de haber conversado con la guerrilla. Para dialogar y entenderse en cualquier proceso de paz es fundamental la comunicación y sobre todo generar confianzas mutuas.

El presidente Santos lo fue logrando paso a paso. Hubo en Colombia quien no quería el proceso de paz, la razón fue los muchos años de violencia y sobre todo las huellas de la muerte que se habían enquistado en la vida cotidiana de los colombianos.

Muchos que estaban en favor de la paz lo sabían perfectamente. A pesar de ello y en muchos casos habiendo ellos mismos padecido en sus familias y en sus amigos la violencia, optaron por la paz.

Colombia ha vivido en los últimos dos años toda una irrupción en que ha logrado dos cosas sin duda importantes: una, logró llegar a un acuerdo de paz, dos, tuvo elecciones el domingo pasado en un ambiente pacífico y ya con la intervención como actor político de las FARC.

El presidente Santos es artífice de todo esto, pero paradójicamente sus niveles de popularidad son muy bajos. Es probable que sólo el paso del tiempo le dé al presidente Santos una justa dimensión entre los colombianos de lo que ha hecho junto con muchos que, como él, lucharon por la paz.

Ayer, conversando con el presidente nos decía: “nunca pensé en la popularidad, pensé y sigo pensando en que a Colombia le urgía una situación diferente que le diera justicia y paz”.

Colombia visto desde Bogotá está cambiando. Ahora vienen sus elecciones para presidente en el mes de mayo. Sus disyuntivas son asombrosamente parecidas a las nuestras. En la mesa está el pragmatismo, las falsas noticias, una izquierda que ya no existe como tal, una férrea batalla por el centro y ciudadanos por aquí y por allá inconformes y hartos.

Eso le espera a Colombia, lo mismo, con matices, que nos espera a nosotros.

RESQUICIOS.

Así nos lo dijeron ayer.

Ernesto Samper. Expresidente de Colombia.

Yo fui el primero que dijo que México corría el gran riesgo en “colombianizarse”. Recuerdo que se me vino encima el procurador de tu país y muchos más. Yo lo dije pensando en la experiencia colombiana y pensando también en cómo el narcotráfico se iba metiendo como la humedad. Nunca lo dije de mala fe, pero al paso del tiempo creo que tuve razón.