Con ropa y sin ropa

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Javier Solórzano Zinser

La semana ha sido difícil en materia vial por las manifestaciones. Cada una de ellas tiene su razón de ser. La más representativa fue la del martes. Padres y madres de familia de los normalistas desaparecidos, la noche del 26 al 27 de septiembre en Iguala, convocaron a una manifestación a ocho meses de los hechos.

Terminó en golpes, enfrentamientos y acusaciones de uno y otro lado. Los manifestantes aseguran que fue una provocación y que no empezaron los problemas, en tanto que la autoridad se dijo agredida. En lo que las versiones coinciden es que al momento en que se presentó la confrontación padres y madres de los estudiantes no se encontraban en el lugar de los hechos.

Ésta fue sin duda la más significativa de las manifestaciones de la semana. Se podrá estar a favor o en contra, pero la sociedad reconoce la desaparición de los estudiantes como un asunto que tiene razón de ser, es un antes y un después para el país.

La manifestación de ayer de Antorcha Campesina cae en otro ámbito. El caos, el cual queda claro que es del diario, que vivió la ciudad cuestiona la razón de ser de una marcha que estranguló la capital. Cuestiona a la autoridad de manera directa, la cual, año con año sin importar su signo político, sólo administra el conflicto.

En muy pocas ocasiones los antorchistas se han regresado sin la satisfacción de sus demandas, a pesar de ser cuestionadas. Unos y otros van administrando los conflictos. Antorcha Campesina metió en un laberinto a la ciudad y bien a bien no se supo la razón por el cual 31 mil personas vienen a la capital con camiones que alguien ha de pagar; quizá se deba a la manifiesta relación de la organización con transportistas, para, según algunos medios, buscar que les resuelvan un problema de hace dos años en Puebla.

Antorcha Campesina ha pasado largas temporadas en la ciudad, con ropa y sin ropa, sin que las autoridades resuelvan su demandas, que más bien se ven como presión política. Pueden pasar semanas en la capital sin que las autoridades se les planten. Lo que sucede al paso de los días es que empiezan a formar parte del decorado y mientras no perturben el tránsito, a veces se colocan sobre el camellón de Reforma, no le quitan ni tiempo ni vista a los capitalinos.

Cada vez que los antorchistas vienen a la ciudad los gobiernos, federal y local, parecen y se ven débiles. No es que deban llevar a efecto acciones violentas, de lo que se trata es que la cosas se resuelvan y se deje de administrar el problema. Pronto estarán de vuelta en la ciudad y sumaran caos. Quizá les darán sus “cuotas” y si no es así, con ropa y sin ropa, de nuevo se quedarán por acá y tendremos un largo, molesto e intransitable día todos los días, como el de ayer.

 RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer:

* El mundo del futbol siempre cuestionó que el dinero lo manejara, hoy el dinero hace lo que quiere con el futbol: Hugo Sánchez Gudiño, Prof. FES Acatlán. UNAM.

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