Lunes 3.08.2020 - 09:36

Corazon roto

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Vale Villa

En virtud de una identificación con el objeto perdido, el melancólico presenta un delirio de insignificancia, ya que la pérdida del objeto deviene en empobrecimiento del yo.

(Duelo y Melancolía, Sigmund Freud, 1915)

Las razones por las que un corazón se rompe casi siempre están asociadas a la pérdida de algo

o alguien valioso.

Por ejemplo envejecer o enfermarse; separarse de alguien amado por muerte, desamor, abandono, incompatibilidad; por razones ajenas a la voluntad como la guerra, la migración forzada, la entrada a la vida adulta de los hijos que dejan la casa de los padres; por una vocación frustrada o una carrera fallida o mediocre. Por no encontrar un plan de vida que satisfaga las necesidades más íntimas y más auténticas del ser.

Todos andamos con el corazón un poco roto o tal vez hecho añicos, lo cual abre dos escenarios posibles: el primero es que encontremos la forma de trascender la tristeza de las pérdidas. Esto significa ser capaz de seguir caminando y conservar el entusiasmo por vivir. El segundo se conoce como duelo patológico, que es la tristeza que no nos abandona nunca y que se vuelve, en lo simbólico, parte de nuestra identidad: soy huérfano de padre, al que mi madre rechazaba, al que siempre abandonan las mujeres (o los hombres), una mujer sola desde que me divorcié.

Son grandes las diferencias entre una postura y la otra. Trascender los dolores del corazón implica sobre todo apego e ilusión por la vida, conservar la capacidad de sentir y de desear. Los corazones rotos sólo se restauran con puertas y ventanas abiertas.

Se quedan rotos para siempre cuando el dolor se convierte en la historia central de quien no acepta la realidad de la pérdida y que por el contrario, retiene en la psique el deseo —cercano a la locura— de lo irrecuperable.

Un corazón roto con posibilidades de reparación puede ser entendido como un duelo en el que el mundo se ha vuelto vacío y pobre de manera temporal. El corazón irremediablemente roto vive en un yo vacío y pobre.

Un corazón roto es la marca distintiva del depresivo que tiende a no superar sus pérdidas porque se obsesiona con ellas. No puede dejarlas ir, ni soltarlas, ni transformarlas en parte del pasado y de lo que ya es historia. Vincularse narcisistamente también distingue a los depresivos, incapaces de aceptar que no han podido controlar al mundo y sus vaivenes.

Curar un corazón roto implica buscar otros horizontes frente a las pérdidas, de manera gradual y paciente; recuperar la satisfacción de estar vivo y ser capaz de concebir un mundo nuevo sin los objetos amados y perdidos, que habrá que poblar de nuevas personas y proyectos, que se distingan por el amor propio y el autocuidado; por la capacidad de amar sin desesperación y desde la certeza de que la vida siempre puede volver a empezar.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag