Corrupcion: de la acusacion a la corresponsabilidad

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Mauricio Farah

Las campañas electorales son producto de su tiempo, de las condiciones políticas y de las circunstancias sociales.

Con mayor o menor acierto, desde una perspectiva de fondo o desde un enfoque trivial, las campañas suelen revelar lo que aqueja a una nación.

  Hoy el tema es la corrupción. Unos partidos y candidatos prometen combatirla, algunos la mencionan como el gran enemigo y unos más pretenden culpar al otro o a los otros de su persistencia y hondura. Están en su derecho.

Pero quizá el primer obstáculo que se opone al eficaz combate a la corrupción es la tendencia a reducirla a un asunto partidista, en el que unos acusan a los otros (y los otros a los unos) de ser promotores y beneficiarios de fórmulas corruptas. Una visión más amplia permite reconocer que los mexicanos estamos padeciendo, y tratando de combatir, un tumor enraizado en muchas instituciones públicas y privadas que trastorna los ámbitos sociales, económicos y políticos del país.

La corrupción no tiene colores ni logos partidistas, pues se funda en la debilidad humana y no en ideologías. Tampoco es exclusiva de algún estrato económico: hay corrupción tanto en las altas esferas políticas y empresariales como en las transacciones de unos pocos miles o incluso cientos de pesos; en la reventa de un boleto y en obras públicas gigantescas que pueden cambiar la vida de millones de mexicanos.

La primaria que cobra ilegalmente una cuota a los alumnos o la universidad que trafica con títulos; el agente que demanda una gratificación por no imponer una infracción de tránsito o el comandante que se alía con un cártel, tienen una diferencia de grado, pero no de esencia. Su impacto es disímil, pero su naturaleza es la misma.

Estamos ante un problema sistémico y como tal debemos enfrentarlo. De nada servirá circunscribirnos a sanear, por ejemplo, el aparato burocrático o el régimen de partidos. Por grande que pueda ser uno de esos logros seguirá siendo incompleto. La solución será integral, transversal y sistémica, o no será.

En esa línea, en su documento “Rompe la cadena de la corrupción”, la Organización de las Naciones Unidas no dirige sus recomendaciones a un solo sector de la sociedad sino que hace recomendaciones por igual a gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, al sector privado, sindicatos y medios de comunicación. Asimismo, insta a que todos los actores asuman encomiendas divididas en seis rubros: fortalecer la democracia; promover la justicia; apoyar la educación; crear prosperidad; salvaguardar el desarrollo; y mejorar la salud pública.

Así, la vanguardia internacional de la lucha contra la corrupción se inclina por soluciones integrales en las que destacan conceptos clave, como corresponsabilidad, transversalidad colaboración.

Todos podemos hacer algo en contra de la corrupción, desde nuestros ámbitos familiares y sociales hasta los laborales e institucionales. Ello implica transformar nuestra visión y nuestros paradigmas, abandonar el cómodo papel de acusador, para asumir que únicamente cuando todos realicemos una labor corresponsable, transparente, esencialmente cívica, podremos comenzar a ver victorias decisivas frente a este desafío.

Twitter: @mfarahg

Secretario general de la Cámara de Diputados y especialista

en derechos humanos.