Cuba-EU, la esperanza

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La reunión de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro en La Habana tuvo la virtud de suavizar las relaciones entre esos dos países confrontados desde hace más de cinco décadas. Se busca el entendimiento por encima de las diferencias, la derrota a la intolerancia y la incomprensión que durante el prolongado periodo de la Guerra Fría, con la desaparición del bloque socialista, Cuba permaneció en una pequeña, singular, Guerra Fría, sola frente al gigante más poderoso del mundo.

El presidente Obama dijo en su discurso que las relaciones entre los dos países no se normalizarán de la noche a la mañana. Es natural que así sea. Es natural también que a partir de este intento de los dos gobiernos por normalizar las relaciones exista desconfianza y recelo de parte del gobierno y el pueblo cubano, después de tantos años de asedio. Esa situación podría obstaculizar el desarrollo de las nuevas relaciones. Pero también existe el reconocimiento mutuo de las posibilidades de solución definitiva a las cuestiones que acercan a los dos países. Convergen, en las expresiones de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, las manifestaciones de esa voluntad que en última instancia beneficiará a todas las naciones de América en la aspiración a una convivencia armónica.

Subsisten puntos de desacuerdo entre Cuba y Estados Unidos. En sus intervenciones durante la visita del presidente norteamericano a la isla, el presidente Raúl Castro subrayó como condiciones fundamentales para la normalización de las relaciones el desmantelamiento total del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos desde hace más de cinco décadas, cuyos daños al pueblo cubano son incalculables. Afirmó también que la devolución del territorio donde se encuentra la base naval norteamericana de Guantánamo desde 1898 es otra de las condiciones para la normalización de las relaciones entre ambos países. Pero los discursos de los dos presidentes contienen esencialmente manifestaciones de esa voluntad de entendimiento.

Barack Obama afirmó, sin lugar a dudas e interpretaciones equívocas, que las transformaciones que Cuba ha iniciado en lo económico y en lo social han sido y serán obra del pueblo cubano, y que los cambios que Estados Unidos espera para la normalización total de las relaciones entre los dos países llevarán tiempo para consumarse a satisfacción.

El reconocimiento a esa voluntad de entendimiento mutuo también fue parte de las intervenciones de Raúl Castro. Se refirió concretamente a las medidas ejecutivas que el presidente Obama ha tomado para eliminar, así sea paulatinamente, los efectos del bloqueo impuesto a Cuba y cuya desaparición total sólo podrá lograrse con la aceptación de las fuerzas políticas representadas en el Congreso de Estados Unidos. Son, dijo, medidas ejecutivas adoptadas por el presidente Obama, positivas pero aún insuficientes para eliminar los efectos que el

bloqueo ha causado.

La visita de Barack Obama a Cuba no es, como en algunos sectores de la opinión internacional se afirma, el fin de una era en la que Cuba mantuvo una resistencia heroica frente a la hostilidad de que fue objeto por parte de Estados Unidos. Es también el término de una etapa, la renuncia por parte de Estados Unidos a ejercer esa presión desde el comienzo de la Revolución en enero de 1959. El fin de esa era de más de cinco décadas es atribuible a las dos naciones. Es el mérito de esa voluntad de entendimiento

entre los dos gobiernos.

Los efectos de la emblemática visita de Barack Obama a Cuba serán benéficos no sólo para ambos países, sino para todo el continente.

Desaparecen así los resabios de los prolongados años de la Guerra Fría en los que no fue posible la aceptación de las diferencias ideológicas, políticas y económicas entre dos bloques separados y la aparición de esa voluntad de entendimiento y la esperanza de paz en el mundo.

srio28@prodigy.net.mx