Miércoles 23.09.2020 - 03:57

Dar. Pedir. Recibir

Riesgos y oportunidades de la soledad
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Nadie nunca está curado completamente de nada. Quizá lo único realista y sensato que puede esperarse de una terapia es aprender a vivir con el caos y la inutilidad del sufrimiento, y la soledad y aprender a existir en el claroscuro. Quizá también podría ayudar a recuperar un poco de fe en medio de la desilusión, quizá también para comprender con más claridad que nuestros síntomas y búsquedas obsesivas son de lo que no recibimos.

Las narrativas personales hacen énfasis en distintos aspectos de la biografía. Quien siente que ha dado más de lo que ha recibido, se siente un poco víctima, superior moralmente a los otros que son egoístas y que nunca serán tan solidarios ni generosos como él. Dar puede ser un acto de generosidad o un acto masoquista cuando quien da se adelanta y piensa que nunca recibirá con la misma entrega con la que se entrega a los demás.

Pedir se asocia con frecuencia a un niño necesitado y dependiente que solo sabe recibir. Los bebés, con el llanto, piden alimento, pañales limpios, abrazos y consuelo. Los niños que no han aprendido a frustrarse o que reciben cuidado inestable, exigen nerviosos que se les conceda todo lo que necesitan y desean. Quieren las cosas y las quieren ya; los niños que tuvieron que arreglárselas solos son casi incapaces de pedir. Se enorgullecen de su autonomía y parecen no necesitar nada ni a nadie, aunque se quedan infinitamente solos por miedo a la decepción tantas veces vivida en el pasado. Algunos de esos rasgos de las etapas más tempranas quedan grabados y se manifiestan en nuestras formas adultas para dar, pedir y recibir.

Están los que siempre piden algo a los demás, los llamamos demandantes. Necesitan una cosa y poco después muchas otras, que pueden ser materiales o morales: más apoyo, más cariño, más atención, más regalos o más dinero prestado. Generalmente son los hijos menores de una familia a quien todos ayudan y consienten. Es rarísimo que un hermano mayor se sienta con derecho a pedir.

Pedir todo el tiempo habla de vacío, necesidad y hambre. También de creer merecerlo todo, que puede llamarse tendencia narcisista.

Dar, pedir y recibir deberían forma una círculo relacional que alternara suavemente dentro de nosotros. Tres formas distintas de relación que en equilibrio suficiente dan lugar a las llamadas relaciones sanas. Ni pedir siempre, ni dar siempre, ni recibir siempre; idealmente, las tres como forma cotidiana de interacción.

Es fácil amar a alguien generoso pero también es muy satisfactorio que esa persona sepa recibir lo que le queremos dar. Es sano saber pedir lo que necesitamos, no a gritos ni en cantidades industriales, pero con asertividad, buenos modos y expectativas realistas.

Dar es recibir. Dar amor, cuidado o compañía hincha el corazón. Dar tiempo, escucha, placer, ayuda, humaniza.

La reciprocidad mantiene con vida las ganas de dar, pedir y recibir.