De la mas pura prosapia autoctona

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Por:

Jorge Medina-Mora E.

A los tianguis se les ve por cualquier rumbo de la metrópolis. Son herencia de las culturas prehispánicas que sigue vigente hasta nuestros días. Los hay semifijos e itinerantes, de pocos puestos y de más de mil. Se instalan a sus anchas y llenan de color las calles con sus características lonas. Usan diablitos para conectar sus focos, bocinas y refrigeradores; y también con diablitos, pero de ruedas, llevan sus mercancías hasta los lugares de venta.

En ellos se palpa la inflación real y son ideales para socializar con los vecinos mientras se compran víveres. Ahí se ven los últimos gritos de la moda además de las películas de reciente estreno. Y si de comida se trata, en sus cocinas despachan lo más refinado en platillos típicos.

En definitiva, para conocer una parte importante de la Ciudad de México hay que visitar, asiduamente, a los tianguis.

Fotografía: En las calles del mítico Tepito, al norte del Zócalo, se instala uno de los tianguis más grandes y famosos de la Ciudad. La estructura de la techumbre es de cuerdas tensadas.

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