¿De qué van las elecciones estatales?

Exdirector de Normal pide no descartar ninguna línea en caso de los 43
Por:
  • larazon

A juzgar por un simple vistazo a los medios, la cascada de acontecimientos que se suceden cada día —Ciudad Juárez, Gómez Mont, inundaciones, alianzas, Cabañas y demás— está produciendo un grave fenómeno de parálisis que impide hacer una refle-xión rigurosa sobre los temas de fondo en que debieran estar ocupados quienes toman las decisiones en este país y, por ende, inhibe la posibilidad de construir una agenda de discusión nacional o, por lo menos, para las elecciones estatales de este año.

Aunque ingenua, me parece que la pregunta central sigue siendo válida: ¿para qué quieren exactamente, unos y otros, el poder? ¿Para llevar a cabo un programa, para conseguir la alternancia, para ambas cosas o para ninguna de ellas? Veamos.

Lo que el 4 de julio estará en juego no es solamente el reparto del botín –partidista, territorial o presupuestal– sino la posibilidad de instrumentar un esquema distinto de selección de gobernantes. Es decir, si los ciudadanos que votan plantean desde el principio y con claridad lo que quieren, y no lo que esperan de los candidatos, habrá menor espacio para la frustración.

Para ello lo primero es hacer una evaluación rigurosa de la gestión de los actuales gobiernos. Hoy se cuenta con abundante información dura para medir cómo van los estados y cómo fueron los gobiernos de, por ejemplo, Mario Marín, Ulises Ruiz, Amalia García, Luis Reynoso o Fidel Herrera, de tal suerte que la ciudadanía tenga un punto de partida de dónde están sus entidades, qué aptitudes tienen los candidatos para los retos visibles y qué tipo de gobierno quieren.

Éste es el segundo punto relevante. Los aspirantes de ahora suelen poner todos los huevos en la canasta mediática –en parte porque no dan para más y en parte porque es la que vende electoralmente– y, de ganar, no tienen peregrina idea de la tarea de gobierno. Por tanto, es urgente que la ciudadanía les exija una definición acerca de la agenda que le importa a los estados y los presione para fijar posiciones y compromisos al respecto. En otras palabras, la elección debe ser sobre un programa concreto, creíble y viable.

Y éste es el tercer componente. Los “cómo”, los “con qué” y los “cuándo”. En estos tiempos, las campañas suelen convertirse en tomaduras de pelo; unos proponen la felicidad terrenal y otros la gloria divina, pero salen malos para decir cómo, cuándo y con qué van a hacer lo que prometen.

De lo que se trata ahora es de que las campañas se conviertan en un debate entre candidatos desde luego, pero sobre todo de los ciudadanos con los candidatos. Y ésta es una tarea que los medios y las organizaciones civiles deben promover rigurosamente: examinar con lupa cada biografía y cada propuesta de tal suerte que el ejercicio provea de información adecuada y oportuna al elector.

Sólo los ciudadanos pueden impedir el engaño electoral tan socorrido en estos tiempos.

og1956@gmail.com

fdm