Miércoles 8.07.2020 - 02:34

De verdad es tiempo de discutir el modelo masivo del Turismo

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Gerardo García

Revisando las cifras, bastaría para “enterrar” cualquier “discusión bizantina” sobre el modelo turístico que tendría que buscarse promover en el país. Mirando los resultados de los últimos años, cuestionar la “masificación del turismo” tendría que ser un despropósito.

Pero no lo es. La “grilla eterna” está ahí.

Los gurús del “desastre” pregonan siempre que el modelo Cancún es decadente; el segundo destino de sol y playa más conocido del mundo es, para ellos, una nueva sucursal de la desgracia. Cancún está perdido, gritan y braman: se ha perdido el glamour, refunfuñan oriundos. Y ahí andan, convencidos ellos de que el tiempo pasado fue el único, evocando los días en que Sly se asoleaba en pelotas en la playa o de cuando cualquier inversión tenía un tiempo de retorno más rápido que lo que tarda en digerirse un ceviche de caracol.

El mercado tiene sus reglas. La demanda se define por factores que no se asemejan a las estatuas; el dinamismo de ésta, el constante cambio en lo que el consumidor desea, es en buena manera lo que regula a la oferta. Ésta que a su vez se destaca, cuando es efectiva, por su capacidad de renovación.

Hay unas 27 mil habitaciones de hotel disponibles en Cancún. Una oferta diseminada en su mayoría en una franja que mide menos de 20 kilómetros. Un destino que -Mon Dieu!, gritarán los heraldos negros- debe considerarse como masivo.

¿Y es eso malo?

En principio, y afortunadamente, habrá que señalar que el mercado mundial de turistas ha venido creciendo de manera exponencial en los últimos 20 años; los porcentajes de crecimiento que se han reportado en la última década ubica a esta actividad económica como la de mayor dinamismo comparada a otros sectores. Esto ha sido posible porque cada vez más gente tiene capacidad y posibilidad de viajar; porque hay más oferta de transporte, mayor infraestructura, muchos más cuartos de hotel, restaurantes, parques de diversión, museos, actividades de aventura. Experiencias, pues.

El turismo, se ha convertido en una actividad masiva. La demanda ha crecido y la oferta ha debido adecuarse en un entorno en el que la competencia mundial por ganarse turistas se ha fortalecido a la par que se han incrementado en número. El turismo ha cambiado en los últimos 30 años de manera exponencial; de ser una actividad restringida a sectores de la población con mayores ingresos –derivado de los altos costos del transporte, una menor infraestructura turística y una menor oferta de alojamiento y servicios– ha pasado a convertirse en una actividad abierta a la que cada vez más personas pueden acceder a ella debido en buena medida a la reducción de los costos que interfieren en un viaje. A mayor demanda, la oferta ha crecido y se ha diversificado.

Los que condenan el número de cuartos en Cancún –y deben sumarse los casi 40 mil de la Riviera Maya– y arguyen que es una de las razones de lo que llaman decadencia, desconocen la realidad existente en destinos como Las Vegas, por poner un ejemplo, en el que la enorme cantidad de habitaciones disponibles -140 mil- en una zona de menores dimensiones que Cancún la hace sumamente exitosa. Eso no importa para que en The Strip convivan hoteles que ofrecen habitaciones de menos de 100 dólares la noche, con aquellos que tienen suites que cuestan arriba de 30 mil dólares por noche. Una mezcla que sólo es soportada porque existe un producto bien definido y una oferta de alojamiento y servicios para los distintos niveles de ingreso. Un destino altamente masificado que no por ello deja de tener oferta diseñada y dirigida a la demanda de los viajeros de más alto poder adquisitivo.

¿Qué es aquello que consideran como modelo fallido?

¿La oferta hotelera? ¿De veras estos personajes pueden jurar que no miraron la renovación de la infraestructura hotelera de los últimos años? ¿Acaso pueden negar –tres veces al menos- lo que sucedió tras el impacto del huracán Wilma y la reconstrucción de la mayoría de los hoteles? No miran cada vez que transitan por Cancún el nivel de restaurantes, centros comerciales; la multiplicidad de la oferta de servicios de entretenimiento; los parques temáticos, las experiencias de ecoaventura. ¿Es un destino decadente éste en el que ha logrado consolidarse una oferta múltiple que vino a complementar, en la medida que el mercado lo exigió, la oferta tradicional de sol y playa?

No lo es; pero a los profetas del desastre todos los hechos les tienen sin cuidado. Tiempos pasados simplemente fueron mejores porque ellos lo dicen.

¿Qué Cancún es un destino masivo?

Sí.

¿Y?

Paris, Nueva York, Madrid, Mallorca, Las Vegas, Roma, Macao y tantos otros, igual o más exitosos, lo son.

¿Decadente Cancún?

Decadente su pensamiento, más bien.

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