Lunes 3.08.2020 - 12:28

Defectos de forma

Defectos de forma
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El sábado pasado dedicó La Jornada la primera plana y varias páginas interiores a la resolución de la Suprema Corte de Justicia sobre los amparos de los inculpados por la masacre de Acteal.

El titular, con mitad de la portada: “Si liberan a presos por Acteal encubrirán una masacre”. La noticia era —y no el sábado, sino el jueves— que estaba listo el dictamen de la Suprema Corte, que se votará en unos días; El Universal, con buenos reflejos, utilizó el contenido para su titular: “La PGR aportó pruebas falsas en Acteal: Corte”. La Jornada optó por una declaración del Centro Fray Bartolomé de las Casas porque eso le permitía poner una opinión en primera plana. Estamos acostumbrados.

El resto de sus notas eran: comentarios de ministros de la Corte no identificados, comentarios de algunos habitantes de la zona, la opinión de una ONG. Al día siguiente, la opinión del obispo de Saltillo, un artículo y el editorial del periódico. El viernes, en páginas interiores, una entrevista con un antiguo sacerdote, otra el lunes. Todas opiniones coincidentes y todas en el sentido del titular del sábado. Todas opiniones. Pero ni un solo artículo, ni una nota que explicara el contenido del dictamen. Los obedientes lectores de La Jornada tienen que saber que la resolución es para encubrir la masacre, que se trata de garantizar la impunidad, pero no hace falta que sepan qué dice el documento.

Una tras otra, todas las opiniones que La Jornada considera prudente publicar, coinciden en que la Corte “se va a pronunciar por la forma”, que “se quiere sacar la verdad diciendo que el debido proceso no estuvo bien”, que se alegan “defectos de forma” nada más y que eso “no hace inocentes a los culpables”, que es “la coartada del proceso mal hecho”. Sabemos por la extraordinaria crónica de Héctor Aguilar Camín, por los textos de Ana Laura Magaloni, por lo que se conoce del análisis de la Corte, que esos “defectos de forma” fueron monstruosos. A los redactores de La Jornada les trae sin cuidado; incluso consiguen a una inverosímil organización internacional dedicada a la defensa de los derechos humanos que declara que “las dificultades sobre el debido proceso” son muy frecuentes en México, de modo que “no son condición para que la justicia revoque las sentencias”. Así está publicado.

Para tranquilizar la conciencia de sus lectores, los redactores sólo hablan de los indígenas presos como “los culpables”, “los asesinos” y, en todo momento, “los paramilitares”. No pueden ser indígenas, no pueden ser campesinos, no pueden –mucho menos– ser víctimas del sistema de administración de justicia. En su editorial del domingo, La Jornada sentenciaba: “el máximo tribunal del país parece estar a punto de sentar un precedente nefasto…” Es verdad, podría sentar el precedente de que una sentencia injusta, dictada sin pruebas, puede revocarse.

¿Y el precedente que sienta La Jornada?

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