Defensores de Nassar a la CDHDF

¿Defensores de Nassar a la CDHDF?
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Ser ombudsman entraña un gran compromiso. No cualquiera puede serlo porque se requiere de una alta calidad moral, valentía y vocación por el respeto a los derechos humanos.

La lista de candidatos a suceder a Emilio Álvarez Icaza, en la CDHDF, es tan amplia como anodina. En los hechos, la disputa está entre Mariclaire Acosta y Edgar Cortez y quizá, sólo quizá, algún caballo negro. Para ponerse a temblar, pero así es.

Acosta, dicen quienes la promueven, contaría con el respaldo de Marcelo Ebrard. Si esto es verdad, le vendieron la idea de que los otros candidatos están poco preparados y es probable que tengan razón.

Acosta, sin embrago, no cumple con las atribuciones para ser ombudsman de la Ciudad de México.

Hace ya algunos años, cuando Manuel Camacho era el regente de la capital, se tomó la decisión de nombrar a Miguel Nassar Haro como director de inteligencia de la Secretaría de Protección y Vialidad. Nassar tenía una negra historia de violación a los derechos humanos desde los años setenta en la Dirección Federal de Seguridad y como jefe de la Brigada Blanca.

El escándalo no se hizo esperar. Era 1988 y los ánimos estaban caldeados por la elección presidencial.

Teresa Jardí, quien laboraba y era miembro de la Academia Mexicana de Derechos Humanos, consideró que era el momento de presentar una denuncia fundada en el derecho internacional de los derechos humanos contra el jefe policiaco.

Uno de los casos referidos en el escrito fue el de Gustavo Hirales, ya que había sufrido torturas de manos de Nassar Haro. Hirales fue valiente, ya que muchos le tenían pavor al ex director de la Dirección Federal de Seguridad.

Acosta, que era directora ejecutiva de la AMDH, se aterrorizó y apoyó el deslinde que hizo Rodolfo Stavenhagen como presidente de esa organización no gubernamental ante el regente Camacho, por considerar que se rompía con la institucionalidad.

Por fortuna, en la sociedad, en el PRI, PAN y PMS no pensaban como Acosta y Nassar Haro no duró mucho en el cargo, aunque durante sus semanas al mando de la policía amenazó “a las pulgas que lo molestaban”.

Años después, cuando Acosta ya era funcionaria del gobierno de Vicente Fox, pidió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que retirara las medidas cautelares de protección a la abogada Digna Ochoa.

El foxismo no podía permitirse una mala nota en el extranjero y la subsecretaria actuó en consecuencia.

Ochoa se suicidó, pero meses antes nadie podía dudar de la seriedad de las amenazas que ella decía sufrir.

Mal y de malas para la CDHDF, la que sin duda merece que llegue alguien valiente que viva para los derechos humanos y no de ellos.

juljard@yahoo.com.mx

fdm