Democracia espanola, un pastel para cuatro

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Por:

Héctor Badillo

En Madrid

Con la esperanza bajo el brazo y como una catarsis frente a la crisis económica de la última década, el número de españoles que salieron a votar en las municipales para renovar los parlamentos de 13 comunidades autónomas y 8,122 municipios, apenas se acercó a la mitad de los 35 millones de electores.

Es decir, en este país demócrata también el abstencionismo se ha impuesto, como sucede en la mayoría de los países latinoamericanos, en donde la credibilidad hacia los partidos y los políticos está por los suelos. A una hora de que cierren las urnas en España, la democracia española dejará a un lado 40 años de bipartidismo que en naciones como Alemania ha demostrado su eficacia. Pero los españoles buscan opciones y el bipartidismo, se dice en estos días en las calles de Madrid, se convertirá en un pastel para cuatro.

El Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular tendrán que compartir las decisiones políticas con Ciudadanos, un partido al que ya se le impone la etiqueta de pro empresarial y de derecha, y la revelación española Podemos, que ha hecho de la indignación una poderosa herramienta para atraer a 1.2 millones de votos que le valieron cinco asientos en el Parlamento Europeo en las elecciones de mayo de 2014. Estas dos organizaciones políticas tienen una oportunidad dorada de demostrar que pueden cumplir sus propuestas en momentos de aguda crisis económica y política. En esta décima elección que se celebra en España, después de que en este país se reinstauró la democracia en 1975, el padrón electoral tiene un registro de 35 millones de electores y en las redes sociales se hizo presente ese espíritu: los españoles rechazaron los efectos y medidas para hacer frente a la crisis económica que se agudizó desde 2008.

Hubo pocas menciones sobre el movimiento ETA y el fin de su presencia perturbadora en procesos electores, como si los españoles quisieran ya dar la vuelta a la página a un tema que todavía duele y mucho. Política fiscal, empleos, educación y salud, vivienda y desahucios, créditos, modelo económico y, por supuesto, pensiones, son los temas que conformaron la oferta política de las organizaciones políticas en España. El corporativismo, sin embargo, también se hizo presente en las elecciones. En un recorrido durante el transcurso de la jornada de votaciones se dieron a conocer estampas de adultos mayores que habrían salido a ejercer su derecho con la “ayuda” de algunos partidos que colaboraron con los gastos mensuales de un segmento de la población, golpeada por las políticas de austeridad y la inclemencia bancaria. Sin embargo, en las votaciones se habría impuesto el voto de la población que quiere cambiar las reglas. Aquí, a diferencia de México, donde domina un llamado pacto fiscal federal que comienza a crujir, en las provincias y en las regiones compiten con impuestos. Madrid, por ejemplo, insiste en convertirse en casi un paraíso fiscal para atraer inversiones, generar empleos y reducir el paro. Las políticas económicas pueden aplicarse con efectividad a nivel regional siempre y cuando la corrupción no gane terreno. Por ello, en la prensa, los articulistas, académicos y politólogos repiten una y otra vez que los españoles —si bien con un alto grado de indecisión al tener más ofertas—salieron a votar como si lo hicieran por primera vez. En España, el pastel de la democracia será repartido entre cuatro; que sea para bien de los españoles y de su incipiente y consolidada democracia, donde el enemigo es el abstencionismo.

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